Rodrigo Iglesias S. (alias, Stuart Coplan) es uno de los fundadores de Andateala.com. Participa como conductor estable del podcast Digalocantando y participa activamente en la sección Cuentos de Andateala.com

Hombre manos de mangueraEn la infancia existen innumerables juegos de fabricación artesanal, como por ejemplo; carritos con ruedas de rodamiento, casas clubes, títeres (pfff, eso fue un caso puntual), pero en fin, la idea es esa.

En la sección de entretenimientos infantiles intangibles tenemos: La Escondida, El Soo, Botella Envenená, La Pinta, Las Naciones, Tombo, El Doctor (mmm, muy bueno), Caballito de Troya y el inolvidable Ring-Ring Raja, que era lejos mí preferido.

Recuerdo que con mí pandilla “Las Sanguijuelas”, jugar al Ring-Ring raja, más que un sentimiento era una pasión, de hecho desarrollamos múltiples técnicas de atentados vecinales, con el fin de que nuestro juego aparte de molestar, causara un daño real, pero en escala menor.

Dentro de todas las técnicas, se encontraba el ataque movilizado (bicicleta), con las que lógicamente lográbamos conseguir una mayor potencia de escape, de hecho todos los operativos se desarrollaban siempre sobre ellas.

Todo marchaba sobre ruedas, fueron tiempos en que nuestras fechorías nos sacaban carcajadas demoníacas, ante la impotencia de nuestros desprotegidos vecinos. Pero no contábamos con lo que nos ocurriría aquel 7 de febrero de 1990.

En aquella calurosa tarde de verano, como todos los días, nos disponíamos a pasar por nuestra tercera vivienda o victima. Bueno y, ahí estábamos, montados en nuestras deplorables bicicletas en frente de la casa de Lord Mªquenzi, un conocido atleta del vecindario ex- seleccionado de la Universidad Peter Cedric.

Estando todos completamente claros en nuestras posiciones, nos dispusimos a tocar el timbre de la deportiva victima, ¡Rinnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnggg!, ¡jajajajajajaajajaja!, Comenzamos como siempre todos a reír grotescamente, pero no alcanzamos a exhalar ni la segunda risotada, cuando vemos que súbitamente sale cual gato montes, el afamado deportista Mªquenzi, quien portaba unas flamantes zapatillas Dolpin blancas de caña alta que, aclaraban totalmente su condición atlética.

Cuando vimos saltar a Mªquenzi, con un completo dominio del esternón y omóplato, fue cuando supimos que este no sería un escape fácil.

Rápidamente, todos pusieron sus pies en los pedales y comenzamos a huir.

Recuerdo que a medida que tomaba velocidad, cada tres segundos miraba hacía atrás y veía como Lord Mªquenzi me topaba los talones o rueda trasera.

Llego un momento en que la cosa se puso color de hormiga, Mªquenzi, casi me alcanzaba, estaba decidido a atacarme sin piedad, y todo fue peor aun, cuando noté en una de mis fugases miradas, que el atleta traía consigo un poderosísimo trozo de manguera de largo alcance, que no dudó en comenzarlo a latigar para alcanzarme.

Mí situación no podía ser más desfavorable y, más encima tenía esa manguera apunto de sacarle chispas a mí traste, así que debía aplicar de manera urgente un plan de contingencia. Y así lo hice…

Rápidamente levante el pie derecho para darle el zarpazo final al pedal y sacarle la máxima velocidad a mi bicicleta, con el fin lógico y desesperado de perder a Mªquenzi, ¡pero no!, Algo falló, al apoyar el pie, siento en el instante un crujido fatal, veo como el pedazo de fierro saltaba al demonio… silencio, pasaron dos segundos desde la caída del accesorio y ya estaba resignado, sabía muy bien lo que venía, así que cerré los ojos junto con apretar al máximo mis juveniles nalgas, mientras escuchaba el zumbido en una de ellas que anunciaba el termino de la persecución y la llegada de nuestra derrota ¡ pichzzz!, ¡Ahhhy!, Digo yo, agarrándome el trasero ¡más aun! con la bicicleta en marcha ¡punch, crarck, wuo, ahh, yiah, ihh!, Aterricé de dientes en el suelo con maicillo de la plaza de aperitivo.

Después aquella mañana, supe lo que era perder una batalla de la manera más humillante, Lord Mªquenzi, me había dado una lección de la cual no me podría olvidar.

Pero él no sabía que ese “NO OLVIDAR”, sería la mecha que encendería mis ansias de venganza.

– FIN –

No se pierdan el capitulo Nº2 de la saga de “El Hombre Manos Biconvexas”, Próximamente.

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