Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

El HuevoEsta aventura transcurre cuando un afiatado grupo de cinco amigos, compañeros de colegio todos, deciden pasar un fin de semana juntos acampando.

Para ese entonces ya todos habían egresado de sus respectivas carreras, y el último que había logrado tamaño logro, el guatón Monsalve lo había hecho hacía solo dos días, por lo tanto se constituía la perfecta ocasión para irse a celebrar los cinco solos tal como no lo habían podido hacer durante mucho tiempo. Es por eso que agarraron camas, petacas y un más que contundente cargamento de alcohol y se mandaron a cambiar a un camping en el Cajón del Maipo para wevear como se debía por tan magna ocasión.

Desde temprana edad estos nobles muchachos comenzaron a sembrar dudas acerca de la sexualidad de uno de ellos, más conocido como El Pelao, ya que de partida nunca lo habían visto incursionando siquiera en grado 1 con alguna fémina, mucho menos les había contado sobre algún revolcón que se hubiese pegado con alguna damisela de por ahí, y siempre se quedaba callado cuando se conversaba sobre minas.

Pero por otra parte, nunca tampoco mostró signos de que le gustara el manguaco, jamás incurrió en actitudes sospechosas al respecto ni emitió comentarios dudosos. La verdad era un huevón bastante amarillo al respecto, no se mojaba el poto con nada ni tampoco dejaba que se le indagara mucho sobre el tema. Era como si no tuviera pico ni zorra. Un maldito andrógeno.

Fue entonces debido a lo que se relató recién, que los 4 personajes restantes elucubraron una jugarreta para comenzar a despejar dudas…

Llegando finalmente a su destino, descargaron los insumos e implementos necesarios, destacando entre los destilados y fermentados varios, una caja de huevos. Montaron las carpas y procedieron con la tomatera de rigor. Para poder elaborar su plan para desenmascarar al supuesto maricota que se encontraba entre ellos, fue necesario asegurarse que el Pelao ingiriera alcohol de manera desmesurada hasta borrar cinta.

Fue así como recurriendo coludidamente a los típicos juegos para tomar (‘la pirámide’, ‘el todi’, ‘el vaso’, entre otros) tuvieron la coartada ideal para que efectivamente el cuestionado muchacho quedara más doblado que desagüe de lavaplatos y prontamente cayera raja a su saco en un estado de apagón de tele total y absoluto.

Era hora de ejecutar el meollo de la estrategia planificada. Fueron a buscar los huevos que habían llevado, y amparados en el estado de inconsciencia total del Pelao, lo dieron vuelta para dejarlo de guata, le bajaron los pantalones, los churrines y procedieron a quebrar un huevo y cuidadosamente derramar la clara sobre las nalgas de la noqueada víctima.

Una vez finalizado el procedimiento, lo dejaron durmiendo solo en esa carpa y los demás se fueron a dormir apretados a la otra. De más está decir que el acuerdo pactado entre los 4 rufianes era que nadie diría ni una sola palabra al día siguiente y que dejarían que el asunto fluyera solo. Entonces, siguieron chupando y compartiendo cagados de la risa por la broma que le habían hecho a su camarada.

La mañana siguiente no tardó en llegar, y con ella los 4 pícaros que le habían hecho la bromita al Pelao se levantaron ansiosos a ver los resultados de tan infame operación. Salieron de la carpa, y la víctima aún no emergía de su lugar de pernoctación, pero no se desesperaron ya que tenían claro que ese pobre hueón debía estar muriéndose de la caña por todo lo que tomó.

Pasó un rato, y el cuestionado personaje vio la luz del día al salir de la carpa con una sonrisa de oreja a oreja. Apreció el sol radiante que iluminaba el paisaje esa mañana y el suave viento que corría, se estiró, dio un largo bostezo, y saludó de lejos a sus cuatro victimarios, sin decir nada sobre algo raro que hubiese notado en su corporalidad. Los responsables no atinaron a mucho y sólo trataron de seguirle el juego sin emitir comentario alguno sobre lo acontecido la noche previa.

Recién cuando se disponían a preparar algo para el almuerzo, el presunto gay sacó la voz, cuando le dio una palmada en la espalda al Flaco y le dijo entre risas “acá está tu billetera hueoncito, se te quedó en mi carpa anoche…”, mientras le guiñaba el ojo.

Como se supone que los demás no sabían nada, no pudieron sino reír para sus interiores y proceder a wevear ad infinitum al nuevo MPH que habían gestado en esa jornada…

Nota del Cerdo: MPH significa Material Para el Hueveo, según el diccionario de ingenieros ñoños, buenos para la manfinfla y comerse minas malas

Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *