Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

La última vez que vi al Danilo fue cuando me confirmó su traslado al norte. Como de Tocopilla hacia la cordillera se iba a trabajar el weon, a un lugar de mierda insertado en el seno de la zona más mierdosa de Chile. A perderse nomas. Eso era exactamente lo que necesitaba ese pobre gil. Al menos le iban a seguir pagando bien y no lo iban a andar persiguiendo en su propia casa.

El Danilo es uno de esos típicos weones que todos conocemos, a los que siempre uno entre que les envidia la vida que tienen, y entre que agradece por no tenerla. Siempre tuvo buenas pegas. Ganaba bastante bien, tenía un trabajo no-explotador, manejaba un Audi A3 plateado a toda zorra y tenía su buen depto. Además igual lo mandaban a viajar con cierta frecuencia. Aparte de todo lo anterior, la mayor particularidad del weon era que tenía un lema. No, era más que eso, era como un motto la wea, una filosofía de vida. Una forma de afrontar lo que conocemos como realidad: “las malas lo prestan al toque” repetía este weon cada vez que se hablaba de minas.

Así nomas, este weon era un verdadero cazador de malas. Se las comía a todas. En realidad no sólo se las comía sino que se las pisaba. Sin exagerar, el idiota este se culiaba unas 3 o 4 chuscas distintas por semana. Malas por cierto. Feas. Muy feas. Y el weon no tenía ningún empacho en reconocerlo (al menos era honesto el chuchasumadre, no como otros que pululan por ahí y que tienen tejado de…niuna mierda), se cagaba de la risa y contaba sus anécdotas una y otra vez y sus historias con las fulanas y toda la wea. Hasta un par de fotos nos mostró una vez de algunas de sus víctimas y he de documentar solemnemente que al menos las que vi, eran más feas que el forro de la tula.

Resulta que este animaloide era fanático de abordar muchachas muy poco agraciadas ya que sostenía, basado en sus registros empíricos, que dichas féminas iban a la guerra prácticamente siempre, sin mayores rodeos, sin invitaciones a lugares caros, sin regalos caros, sin andar weando mucho y sin exigir moteles de 40 lucas. Les bastaba recibir un par de piropos, escuchar un buen blablá de un weon con mundo y pinta, y ver su auto pa mojarse completitas y soltarlo sin compromiso mediante. Para sacarse el cacho prontamente, este compadre les vendía el cielo y les proporcionaba datos falsos sobre teléfono, mail, etc. Era perfecto según él. Nada de compromisos, nada de andar joteando minas y arrastrándose como imbécil para rescatar migajas, nada de gastar plata infructuosamente para recibir nada a cambio. La tasa de eficiencia era altísima.

Por supuesto que fue un constante centro de hueveo por parte nuestra y de todo quien supiera de sus andanzas, pero al weon le importaba una raja ya que era feliz chantando el paté en donde fuera, y bueh, al final comprendimos que es mejor un weon caliente comemonstruos pero feliz, que un culiao caliente, que por regodeón se pega una cacha una vez a las mil pero se jacta de no comerse malas nunca.

El modus operandi de este animal funcionaba a la perfección, hasta que un buen día, como todo en la vida, hubo de fallar. Resulta que en una ida a una poco reputada disco de Bellavista, que por qué no decirlo, se trataba de la terriblemente flaite Alien’s, este loquito fijó como objetivo en medio del fragor de la noche a una güeona más fea que las cicatrices faciales de Michael Jackson. No solo era fea sino que además era gorda (yo andaba ahí ese día y en una la gila culiá pasó al lado mío, y casi se le sale un rollo por el pantalón y me saca un ojo). “Hoy me toca culión”, me comentó mi compañero en aquella velada, sobándose las manos y con una pícara sonrisa en la cara. Bueno, no vale la pena entrar en detalles grotescos pero el weón finalmente se la llevó a un motel en San Diego de esos de $6000 la noche (y en fin de semana) donde no lavan las sábanas ni pa recibir a los weones del SESMA. Por supuesto, le vendió el oro y el moro a su ocasional víctima sexual, se pegó una buena cantidad de cacheteos y finalmente le otorgó sus datos personales con una imprecisión suficiente para que la pelada nunca más pudiera contactarlo.

Lamentablemente, esta vez el cazador fue cazado, ya que su contrincante en el ring de las 4 perillas era bastante viva en el oficio de detectar weones mentirosos y chantas, lo olfateó de lejitos y no dudó en anotar la patente del moderno y llamativo vehículo de mi amigo.

Pasadas un par de semanas, el buen Danilo recibe una llamada telefónica desde un número desconocido. Al contestar, mayúscula fue su sorpresa al caer en cuenta de que la voz de la persona al otro lado de la línea era de la poco agraciada muchacha con la que tuvo el furtivo encuentro sexual dicha noche. Con una voz algo angustiada le dijo que necesitaba verlo, y obviamente este aweonao se corrió de forma olímpica ya que no estaba dispuesto a lidiar con dramas ni mierdas de minas cagás de la cabeza. Aún dudando de cómo se había conseguido su teléfono, pensaba que igual estaría a salvo. Con lo que no contaba el pobre Danilo, fue que la mina al intentar contactarlo y notar que había sido engañada por el hombre, fue recurrir a una amiga suya que trabajaba en el Registro Civil, truchamente le pidió la paleteada de que le sacara todos los datos (específicamente teléfono y dirección) del dueño del vehículo con la placa patente respectiva, y así fue como un par de días después de la llamada, concretó y apareció en su casa con un test de embarazo con resultado positivo. Ante la sorpresa, este loco no estaba para hueás así que la echó cagando de su casa (vecinos alertados por el altercado aseguraron que incluso le pegó una patada en la enorme raja de la gorda mala) y la mina empezó con amenazas de todo tipo: que lo iba a demandar para sacarle pensión, que le iba a tirar a unos guatones pa que le pegaran, e incluso que le iba a hacer magia negra. Pasando los días, la mina no paró de huevearlo hasta que en una logró forzar la chapa de su casa mientras él no estaba y lo esperó adentro de su propia casa. La cagada máxima quedó cuando la chana de mierda llegó efectivamente con un supuesto abogado para notificar al weon de la demanda, lo que terminó de asustarlo y finalmente pedir su traslado al norte para perderse en medio de la mierda nortina de nuestro país.

Y lo último que supe de este longi era que ya ni se atrevía a pisarse ni a las putas del pueblucho de mierda donde estaba viviendo.

Comments

  1. ¡QUÉ TE PASA GUATÓN CULIAO!!!! ¿POR QUÉ ESTÁS TERMINANDO LAS HISTORIAS TAN MAL!!!??

    Lo reconozco, me divertí con el relato, aunque agradecería que aprtaras el tabulador alguna puta vez. Pero que son esos finales hueón!

    Te maldigo!

    Saludos, El Cerdo

  2. jajajajajajajajajajajajjajajajajaja wenisima la historia, me rei mas q la vieja qla, pobre idiota, por caliente y por cachero le paso, jajajajajajajjja pero es cierto aquello, de comerse hembras desgraciadas porq no andan con weas, lo largan altiro. Saludos muchanchos, cada dia su pagina se pone mas CSM, jajajajajajaj saludos..!!

  3. Que malaaa weon, que lastima por el Danilo, de verdad concuerdo con eso que un weon que se agarra malas a diestra y siniestra debe ser mas feliz que uno que anda de regodion por la vida agarrando casi nada…

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