Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

Cuando cursaba 7º básico, hizo ingreso a mi colegio, a mi mismo nivel, y a mi misma sala un compañerito nuevo, procedente de las huasas y provincianas tierras de Viña del Mar. Se llamaba Francisco y exhibía la timidez natural al notar que a la primera clase se le abalanzaban encima una sarta de pendejos hinchapelotas que tenía por compañeros, preguntándole miles de estupideces sin tino o sentido alguno.

Como el weon me parecía buena onda, me tincó hacerme amigo de él, así que pasado un tiempo, comenzamos a estudiar y hacer trabajos en grupo, lo cual fue bastante bueno para mí ya que él igual era relativamente mateo, por lo que era una buena excusa pa zafarme de los parásitos intelectuales que tenía por alimañas de compañeritos.

Y una buena tarde de esas en las que me fui pa su casa a hacer alguna cagada de trabajo para algún ramo que no sirvió niuna puta huevada para mi formación académica, es que llegamos a su hogar tipín 5.30 pm, con más hambre que el chavo en bajón de hashish. Y así como mi estómago rugía furioso por alimento, mis intestinos vociferaban de manera implacable y brutal que necesitaban evacuar un colosal zurullo que estaba a punto de rajar mis interiores debido a su descomunal volumen.

Como este weon vivía en un bastante ‘bien’ departamento en Vitacura, es que cuando decidí pasar al salón W.C. tomé todas las precauciones pertinentes: vasta cantidad de confort (chequeé que hubiera uno de repuesto en el mueble por si acaso), pato purific y esa hueá como cepillo 360º de wáter pa poder limpiar los vestigios, jabón, etc.

Me dispuse entonces a expulsar las fecas de mi bello cuerpo, aplicando la vieja técnica de depositar una película de papel confort en la superficie del agua de la taza para evitar las siempre molestas salpicaduras de agua (o de caca si sale churrete) y dejando mis calzoncillos lejos de la escena de modo de que no sufrieran ante alguna eventualidad. Con satisfacción plena aprecié que la descarga estaba siendo contundente y mis entrañas suspiraban aliviadas por tener nuevamente todo su vital espacio en paz y armonía.

Una vez terminado el proceso, me levanté y con algo de emoción contemplé mi obra: “guau”, me dije. De verdad era un cerro de mierda. Un gran montón de caca. Era más que la chucha en realidad, y en un momento me entré a preocupar… “¿No se me habrá salido el hígado entre tanta mierda? ¿O un pulmón quizás?”. Oye si cagué tanto que hasta me dio hambre de lo vacío que me sentía! Luego de constatar que todos mis órganos vitales estaban en su correcta posición y de terminar de convencerme de que el gigantesco cúmulo café que yacía mitad sumergido y mitad erigido imponente sobre el agua cual iceberg patagónico no era más que caca, me dispuse a poner la firma y timbre: tiré la cadena.

Me di media vuelta y con una parsimonia digna de quien ha visto a la muerte cara a cara y pudo vivir para contarlo, me subí los pantalones, me lavé las manos, me reventé una espinilla… estaba en eso cuando de repente reparo en que el sonido del guáter no había sido el normal: algo había fallado. Con estupor dirigí mi mirada hacia la taza, y el horror se apoderó de mí cuando noté que lo peor acababa de suceder: había tapado el inodoro.

Debido a mi inexperiencia en estos temas por entonces, es que decidí esperar que el nivel del agua bajara un poco y volver a tirar la cadena. Lamentablemente mis cálculos fallaron y cuando realicé la segunda descarga de agua, el nivel de ésta no había bajado lo suficiente, ni menos se había destapado la cañería, con lo que el nivel del apestoso líquido empezó a subir como la espuma. En mi desesperación no atiné a nada, solo a observar como ocurría el inminente desenlace. El agua estaba a punto de llegar al borde de la taza. Era solo cosa de segundos. De décimas de segundo. De centésimas de segundo. De….conchesumadre grande… el wáter se había rebalsado y la asquerosa solución acuosa fluía a través de los blancos pisos del baño arrastrando pequeños gránulos de genuina mierda recién producida.

Para ese momento ya llevaba un buen rato adentro del reducto higiénico, y fue evidente que algo ocurría, por lo que mi compañero Pancho llamó a la puerta diciéndome que me apurara porque la once ya estaba lista. Dicha intervención no hizo sino complicar aún más mi situación. Pero algo tenía que hacer, de alguna manera tenía que arreglar la mansa cagaíta que había dejado, así que no se me ocurrió nada mejor que ocupar todo el puto confort disponible en el baño en secar el piso. Me estaba demorando más que la chucha y en eso este weon del Pancho vuelve a insistir en que me apure pa ir a tomar la once ya que su mamá estaba por llegar y se iba a enojar si todavía no empezábamos a hacer el trabajo.

Por esas cosas místicas de la vida, el confort me alcanzó justo para secar todo el piso, sin embargo cuando ya estaba disponiéndome a salir victorioso del baño, noté que las paredes externas del wáter tenían vistosos y poco agradables residuos de caca. Sin poder dejar eso así, es que noté con tristeza que ya no quedaba nada que pudiera ayudarme a limpiar. Ni confort, ni una toalla nova, ni un paño amarillo. Ni siquiera una revista (en qué puta casa no tienen revistas en el baño para leer mientras uno caga, por la chucha!!!!), por lo que me vi en la poco ortodoxa, pero extrema necesidad de utilizar mis calzoncillos. La pensé, pero no había más salida. Los Chiteco que mi madre con tanto cariño me había comprado hacía tan solo dos semanas habrían de ser sacrificados por el bien de la patria.

Mientras, en el mundo exterior había pasado suficiente tiempo como pa que este gil del Pancho estuviera pegado a la puerta pensando que algo malo me había sucedido, huevénadome de que si estaba bien, la once ya estaba fría, y su vieja había llegado.

Cuando al fin salí del baño, estaban todos afuera mirándome. El Pancho como con cara de explicación, la nana con cara de tener que arreglar la mansa zorra, y la vieja, absolutamente enchuchada e indignada debido a que el agua con barquitos de mierda que salieron del toilette cruzaron las fronteras para llegar a dar al pasillo del inmueble. Alfombrado.

De más está decir que del trabajo reculiado no hicimos nada, porque me tuve que pasar toda la tarde intentando limpiar la alfombra, y apenas terminé, la iñora me echó cagando (valga la redundancia) de la casa, completamente enfurecida y con la clara advertencia de no poder volver a regresar nunca más a su hogar.

Y pa terminar de quedar mal, el aweonao del Pancho terminó haciendo el trabajo todo él solo, y debido a que no contó con mi certera colaboración, nos sacamos un humillante 3.0…

Comments

  1. Conchesumadre…

    Magna historia con un final mas que triste para el tipo en cuestion…

    Mi mas sentido pesame al pobre.

    Por mi puta suerte, cada vez que tengo que cagar en casas ajenas… no ha pasado a mayores

    Saludos!

  2. Es una mierda hacer caca en casa ajenas, pero ya me acostumbrés. Porque peor es aguantarse la mierda y empezar a ser autopenetrado por un mojón o gasearse con aroma a morgue!

    Notable puto. Final mediocre pero justo.

    Saludos, El Cerdo

  3. Muy buena la historia……y de verdad yo tengo la mala costumbre de bautizar las casas ajenas….a la primera o segunda visita ya pido el baño pa cagar, y en alguna oportunidad pasó algo vergonzoso….jajajaja…notable.

  4. Cualquier ser humano que haya sobrevivido a tan traumática experiencia y semejante nivel de humillación, merece mi mas profunda admiración…

    y asco

    Saludos

  5. admirable el imponente cerro de mierda descrito, tengo la “suerte” de que tengo fobia a cagar en casa agena, de lo contrario tendría que destaparlo casi siempre (en la casa de una amiga, pasé 3 días invicto….luego, no se, no recuerdo bien como cagué al llegar a mi casa)

  6. wajajajajjajaja
    de verda? la cagoooooo
    nunca me ha pasado esa wea… a si una veh pero termino en joda y no fue una gran verguenza, al contrario,recordamos el momento con cariño, onda te acordai cuando tapaste el water uy que lo pasamos bien….la wea idiota,pero eran weas cuando era shica, nada grave jajajajajajaj

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