Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

Historias de Mierda Reloaded

En mi colegio era habitual que una o dos veces al año se realizaran los llamados “seminarios”, que consistían en un paseo por el fin de semana de todo el nivel a la playa, a algún complejo turístico de nombre mierdoso como Guaylandia, Guayápolis, El Tabito, o algo por el estilo.

En teoría, la idea de estas instancias era compartir entre compañeros y profesores, tener algunas charlas de desorientación sobre drogas, alcoholismo, sexualidad y temas de ese tipo. Sin embargo, la realidad era que se comía como cerdo (ya que todos llevábamos mierdas para comer), se echaba la talla, se contaban chistes cochinos, se tomaba a escondidas y se jugaba a la pelota el 90% del tiempo. Y cada vez que tocaba una de esas charlas culiadas o alguna actividad como esas dinámicas de mierda de tirarse un ovillo de lana y decirse weas políticamente correctas, el objetivo era hacerla lo más corta posible para ir a seguir invirtiendo el tiempo en lo que sí valía la pena.

En una ocasión nos tocó ir a Guayápolis, lugar de mierda en el cual no todas las cabañas tienen baño (al menos en ese tiempo era así). Ergo, los poco afortunados que al momento de la repartija de cabañas (al llegar allá) quedaran en una de esas sin salón guáter, estaban obligados a ocupar los servicios higiénicos colectivos, i.e., cagar en los baños comunes.

Como la vida es culiada, obviamente me tocó en una cabaña sin baño. Una vez que estuvo designada la distribución de los pendejos, fui a reconocer terreno: me di una vueltita por el mentado baño común para saber en qué clase de adefesio tendría que posar mi bella y pulcra raja aquel fin de semana. Al llegar a dicho lugar, mis peores miedos se hicieron realidad: la wea era repugnante, realmente repelente. Los guáteres estaban inmundos y llenos de restos de fecas, el piso todo mojado con pichi, las duchas no tenían ni cortinas ni separador ni niuna wea (díganme la wea que quieran, pero si hay una wea que no soporto es tener que ducharme con 100 weones alrededor tasando mis glúteos y mi imponente anaconda albina). Las weas eran como en Trainspotting cuando el culiao caga en ese baño infinitamente cerdo mientras dice “este debe ser el baño más asqueroso de Escocia”, y se le va por el wáter el supositorio con heroína, y el weon se mete entero adentro del wáter para rescatarlo. Mala la wea de baño.

El escenario era adverso, y recién estábamos a viernes pasado el mediodía. Quedaban más de 48 horas de paseo, así que de inmediato elaboré mi plan de contingencia: nada de frutas, nada de verduras, nada de leche, nada de cereales, etc… es decir, nada que me hiciera querer cagar.

Digamos las weas claras, yo sé lo que ud., mi iletrado, no-querido y primate amigo lector está pensando ahora: si mi plan hubiera funcionado esta historia barata no tendría razón de ser. Déjenme decirles amigos, que están completamente en lo cierto. Obviamente mi plan se fue a la cresta bien pronto porque a las 2 horas de ese evento ya me estaba bajando un peristáltico del averno ante el cual no pude oponer resistencia alguna.

Por suerte mi mamá me enseñó que weon precavido, no tiene que sacrificar calzoncillos, por lo que fui a mi mochila y saqué el rollo de confort que sabiamente había llevado para el fin de semana. Fui al puto baño común, ingresé en el guáter que parecía menos inmundamente asqueroso, y con el extremo cuidado de que mis pantalones no tocaran el suelo lleno de pichí y que mis preciadas nalgas no hicieran contacto con la abominable estructura cerámica, procedí a despojarme de aquella fragante materia café sobrante de mi organismo.

Requirió su dosis de esfuerzo la operación, no voy a negarlo, pero finalmente resultó. Y además me tuve que mamar las burlas de mis compañeros al notar que había un weon cagando, ya que todos los culiaos se paseaban por ahí a mear o tomar agua (ya que estos baños estaban estratégicamente ubicados en la mitad de TODO). Finalmente me retiré a mis aposentos satisfecho, no sin antes pasar a desinfectarme entero.

Las siguientes horas transcurrieron con relativa normalidad, sin embargo al día siguiente (sábado), nuevamente me dieron ganas de echar la nutria. Como lo del día anterior había sido suficientemente traumático, no tenía ninguna intención de enchapar de nuevo en ese baño nauseabundo, así que le comenté a Matias que estaba que me cagaba pero que no quería aplicarme en el baño común por lo tóxico de este, así que me dijo:

-Pero weón, no hay pa que cagar en ese baño culiao inmundo. Haz como yo: CAGA EN UNA BOLSA

Le dije “cómo en una bolsa? Así como una de supermercado?”, y me dijo “sipo weon, una de esas, o no se, la que tengai… grande si po weon, cagai ahí, en la cabaña, y de ahí la tirai en alguna parte”.

No sonaba mal la idea: tenía bolsas, confort para limpiarme, un desodorante ambiental, y además era bastante factible disponer de toda la intimidad de la cabaña para mí solito, ya que la compartía solamente con 2 compañeros más, que eran bastante fáciles de echar pa’fuera.

Igual la pensé. Es que tampoco es llegar y cagar en una bolsa, al principio no me creí capaz de hacerlo. La pensé un rato, pero llegó un momento en el que la situación se hizo insostenible: las ganas de evacuar al moreno crecían exponencialmente conforme al paso del tiempo y en cualquier momento mi esfínter anal se vería vencido. No podía esperar más, estaba a punto de ser doblegado. Pesqué el confort e intenté repetir la hazaña del día anterior. Corriendo fui al baño común, mas noté que las weas no las habían limpiado en todo el día (o sea si el viernes ya estaban repelentes, imaginen con 24 horas más de uso de 70 pendejos cagones + profesores hediondos + personal indeseable del complejo + uno que otro perro/gato/guarén que debe haber meado o cagado por ahí), y mi instinto de supervivencia me indicó que era preferible aguantarse las ganas que cagar en esa horripilancia de baño.

No me quedó más alternativa entonces. Fui a pedirle la llave de la cabaña al compañero que la tenía, le pedí que no fuera a huevear durante un buen rato, y me encerré.

Situé todos los implementos de manera que me quedaran a la mano, me baje los pantalones y me puse en posición de “monjitas cagando en misa” (si ud no jugó al Burrito cuando pendejo entonces púdrase!!!) sujetando la bolsa por los mangos o orejas o como se llame, con las dos manos. Una vez finalizada mi obra, me limpié, eché como 10 kilos de desodorante ambiental, amarré bien la bolsa con un nudo ciego terrible apretao y salí de la cabaña.

El destino de la bolsa: una quebrada que había por ahí, más o menos alejada de las cabañas.

Sintiéndome más liviano que un átomo de hidrógeno, me dediqué entonces a disfrutar del fin de semana junto a mis compañeros. Después de todo, no había sido tan malo cagar en una bolsa. Es más, “hasta la haría de nuevo si me dan ganas”, pensé.

Como yo soy un hombre que cumple con lo que planifica, al día siguiente (domingo), desperté por la mañana sintiendo la presencia de un contundente zurullo en mis entrañas. “A buscar una bolsa” me dije. Para obrar nuevamente, esperé a que llamaran a desayunar y así mis compañeros de cabaña me dejaran solo, además de saber que no habría nadie afuera hueveando.

Esperé entonces la hora del desayuno, y cuando se fueron todos, yo me quedé solo en la cabaña con cualquier excusa huevona. Repetí el procedimiento del día anterior. Estaba de lo mejor despojándome del mojón que se alojaba en mi ser, cuando de repente golpean la puerta a través de fuertes golpes de puño:

-(PAM PAM PAM) HAY ALGUIEN AHÍ???

CONCHETUMARE!!!!! Era la voz de nada más ni nada menos que del Inspector Zúñiga, que siempre acompañaba en estos seminarios como parte de la comitiva. El Sr. Zúñiga ostentaba el no despreciable puesto de Inspector General del colegio. Cargo que ejercía de manera implacable ante las faltas de conducta y disciplina.

-(PAM PAM PAM) SEÑOR BIG FAT JEWISH, ESTA AHÍ DENTRO?!?!?

Por la puta y la reputa. Pensé en hacerme el weon, mas no tenía sentido esconderme. “Sí profe, estoy aca dentro, salgo altiro!!!”

-¿Y POR QUÉ DIABLOS NO ESTÁ EN EL COMEDOR TOMANDO DESAYUNO? QUE ·$%·$&·%” ESTÁ HACIENDO??? ABRAME LA PUERTA DE INMEDIATO!!!!!!!

Por la grandiosa reconchesumadre… estaba entre el mojón y la pared. “Si profe, si salgo altiro altiro!!! Y voy al comedor a tomar desayuno, en dos minutos estoy alla!!!!!”

-NO SEÑOR, ABRAME LA PUERTA DE INMEDIATO!!!!!!!!!

Nada que hacer. Le tuve que abrir la puerta con los pantalones a la rodilla, subiéndome los calzoncillos, mientras trataba de ocultar el testimonio (o sea la bolsa con caca).

Como la vida no es ni como las teleseries ni como las películas, el Inspector Zúñiga cachó todo el mote al toque, logró encontrar la bolsa y la subida y bajada no se dejó esperar.

Como no quiero autohumillarme, no voy a repetir el sermón ni el rosario que me profirió dicho caballero. Solamente diré que, luego de hacerme ir a botar la bolsa al contenedor de la basura, me interrogó como el más cabrón de los ratis, con lo que me terminé de cagar y confesé que en realidad había hecho lo mismo el día anterior y que había lanzado la bolsa en una quebrada de por ahí.

Cual operativo policial de reconstitución de escena, el inspector me llevó a la mala a buscar la bolsa para tirarla al contenedor de basura casi que de la oreja el culiao. El problema es que había pasado tanto rato que los demás weones ya habían terminado de desayunar y estaban dando vueltas por el complejo vacacional. Lo que sigue es más que evidente: yo recorriendo la quebrada, humillado y avergonzado, con el culo mal limpiado, sin haberme lavado niuna presa y sin siquiera haber desayunado (a esa altura ya había cooperado con el desayuno y tenía que esperar hasta llegar a Santiago para comer alguna wea), con el inspector detrás de mí, preguntándome cada 5 minutos “¿veis tu bolsa con caca?”, y mis 90 y tantos compañeros mirando atrás ultra cagados de la risa.

Finalmente logré encontrar la bolsa, y la tomé para tirarla a la basura, y toda esta lección de moral, higiene y costumbres sanitarias y fisiológicas culminó con un “ahí es donde se caga” por parte del Sr. Zúñiga cuando pasamos por fuera de los baños comunes.

¿Y el bullying posterior respectivo?, se preguntarán ustedes… no señores, no hubo tal, ya que cuando el funcionario escolar me dirigió esa última reprimenda, no me quedé callado. Había sido más humillación de la que creí merecer, así que en un acto de valentía y heroísmo que ninguno de mis compañeros había intentado antes, le contesté y lo desafié: “no se puede usar, es asqueroso, prefiero volver a cagar 100 veces mas en una bolsa antes que entrar a usar uno de esos wáteres de mierda!!!!”.

Los ojos del férreo inspector se encendieron ante la insolencia del alumno. Se venía una pará de carros colosal. En ese momento temí, y pensé que había terminado de venderla, pero inmediatamente caché que era matar o morir: “pase pues, pase usted y vea estos baños que tuvimos que usar”. El Sr. Zúñiga no parecía dispuesto a seguir órdenes de un pendejo culiado como yo, mas en ese momento todos mis compañeros que estaban sapeando la escena se cuadraron conmigo. “Oiga sipo profe, vea como están las cagas de baño”, “no se pueden ni usar”, “son como el pico, están todos cochinos”, “como nos traen a estas cagas de cabañas”, “las teleseries del 13 valen callampa”, y un sinnúmero de quejas ante las cuales el funcionario colegial no quedó indiferente. No le quedó más remedio que entrar, topándose con un escenario digno de baño de estadio boliviano sin agua hace 3 meses.

Su derrota era inminente. Había sido una suerte de rebelión mierdera estudiantil. El Inspector Zúñiga masculló la rabia, nos dijo algo como “ustedes vayan a sus cabañas a preparar sus bolsos para irnos” y se fue.

Esta vez fue el alumno el que derrotó al maldito inspector. Y como un ícono de la victoria, tomé mi bolsita de mierda que no alcancé a botar, y la fui a lanzar nuevamente a la quebrada

Comments

  1. jajajaajajjaa monjitas cagando en misa jajjajjajajajajaa una ve hice pipi en una bolsa….. y fue mala idea jajajaajajja y esa es la experiencia que puedo aportar a las bolsas,gracias

  2. Oye el cuento culiao largo, pero estaba tan chistoso que igual me re-cagué de la risa.

    Solo vos, guatón de mierda puedes cagar en una bolsa y arrojarla por una quebrada. Uno no puede cagar tanto culiao!!!

    Al menos la experiencia te sirvió para hacernos reir y humillar a los siempre humillables inspectores de colegio.

    Saludos, El Cerdo

  3. viejo, si sos macho de verdad, cagas en el medio del bosque, y te limpias con la corbata del inspector puto ese, que mierda es eso de andar tirando desodorante de tragasables en la cabañita??? jate de joder, banquese el olor a mierda, hagase hombre!

  4. cuando iva en la parte en que habias cagado de forma gloriosa en esa bolsa pensé que esa habia sido uno de esos grandes triunfos de la vida…
    pero seguí leyendo y me encontré con tamaña humillación.
    yo hubiese terminado de cagar no más o apenas siento la puerta me paro y escondo todo.

  5. “pitty”
    que mierda es eso?
    mira, weon,o weona o lo que seai que este detras de ese nick ambiguo, indefinido y pentasexual, te voy a decir una pura puta huea: lo de judio si, pero lo de maricon, mas o menos, aun no lo tengo totalmente claro.

    y si Dios fuera bullanguero, no seria nuestro “padre todo poderoso”, sino que nuestra MADRE!!!!!!!! y uds ya tendrian estadio, gitanos!

    los quiero a todos :’)

  6. Jajajajaja, Historias Qlias…
    Puta q me cago de la risa cn estas anecdotas traumantes y humillantes… antes… 😀

    Concuerdo con el comentario del estimado lestor DIOS Es Bullanguero… en momentos como ese (y puta que es incomodo wn que un viejo y la csm te arruine honorable proceso de excresion de heces),lo uncio que queda por hacer es abortar la mision mas rapido que sexo cn flash… para asi salir (probablemente con el culo con mierda) de manera insospechable de la escena del crimen… Salu2 🙂

    Salu2

  7. vaya…. la media cagá por dia no mas… es que cuando el ano detecta las precarias condiciones sanitarias para defecar, le envia un impulso electromagnetico al zurullo pa que deje la cagá no mas.

    siempre me sucede… siempre! cada vez que estaba en un sitio NO apto, pos.. me entraban al tirito las ganas

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