Pobre.

Un día mi abuelo salió a buscar su sueldo al banco. Cuando volvía de ese acto tan noble se encontró con el “Guata e’ poroto” quien lo invitó a tomarse unos pipeños a la vulca del “Masca rieles”.

Después de aquello, solo recuerdos difusos: Una garrafa que iba y venía hacia su boca. Unas maracas gordas masajéandole el chimichurri. Luego la maleza. Luego un celular en la mano y una reja de alcantarilla. Después un intenso calor, sobajeos y una cola.

Una vez conciente, solo sintió humedad por su cuerpo y un intenso dolor en el orto.
Hoy espera siete cachorros.

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