El Crucero del Amor

Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

El Crucero del Amor

Las terribles historias que le ha relatado nuestro amigo Distemper no han dejado indiferente a nadie. A mí tampoco. Sin ir más lejos, el otro día leyendo su nueva entrega, en la que contaba que había yacido con una hembra treintona y malandra, recordé que alguna vez fui amigo de un sujeto llamado Francisco (ya no pero eso da lo mismo).

Francisco era metalero, y tenía su grupo de amigos como tal, junto con los cuales yo carreteaba de vez en cuando. Eran buena onda los weones, y me juntaba con ellos cuando tenía ganas de carretear, pero me daba paja meterme a una disco a bailar. Como estos weones eran buenos metaleros, tenían una aversión afiebrada por las discotheques, aduciendo que eran lugares donde iban todos los posers a juntarse entre sí. A mi me daba lo mismo, pero era una buena opción cuando quería ir a un bar a chupar o algo por el estilo.

Ocurrió un sábado entonces una situación de esa naturaleza, andaba con el colmillo terriblemente largo, pero me mataba de la paja de ir a una disco, así que telefoneé a Francisco, y le comenté la situación. Nunca olvidaré su respuesta:

-“Dale weon, yo estoy aca terrible parqueao y ando más caliente que rodamiento de tanque así que vamos a guerrear nomas”

Luego de deliberar un rato, me sugirió que fuéramos al Crucero. Para los que no lo conozcan, el Crucero era un legendario bar que quedaba en Irarrázaval, donde se tomaba harto y barato, había cuantiosas chuscas de la más dudosa moral sexual para jotear, y con algo de suerte se podían presenciar un par de peleas al interior. No por nada era más conocido como “CRUCERDO”

Debo admitir que cuando Francisco me propuso semejante panorama, la pensé dos veces (como ir y como volver). Ni weón, terminé aceptando pensando en cenarme una señorita de buenos modales, olorosita y candente, con todas sus piezas dentales en buena forma y de buena presencia, al son de las piscolas cabezonas y la música vacilable del lugar.

Llegamos entonces al sucucho ese y la cosa ya se comenzó a vislumbrar peliaguda, ya que en la puerta los gorilas de la entrada estaban lidiando con una manga de flaites más tujas que la cresta, que estaban pidiendo entrar por moneas (7 por dos lucas y media, que se han imaginado monos de mierda).

Cuando se vieron imposibilitados de hacer ingreso al recinto, se dieron media vuelta y nos encontraron a mí y al Francisco, y casi desatan toda la furia lumpenezca de sus sables, estoques y mariposas contra nosotros por tener “car’e cuicos” (aonde la vieron). Sin embargo logramos escabullirnos por la entrada del local y zafamos.

Una vez dentro del local fuimos express way derechito a la barra a reclamar nuestros tragos así como para empezar a ponernos a tono. No mucho agrado nos produjo ver que las piscolas las hacían con Pisco La Serena 30º y MC Cola, pero bueh, en realidad en ese local nada era muy refinado que digamos así que nos callamos y comenzamos a disfrutar de la noche porque total igual cumplían bien con su labor de mejorar el aspecto de las damiselas presentes.

Luego de echar la talla un rato, conversar alguna que otra estupidez y de ponernos dos combinados más, decidimos que era hora de ir a buscar alguna peuca por ahí asi como para amenizar la velada.

Llegamos primero a una mesa con dos minas que igual estaban bastante ricardas, pero eran medias cuiconas y en realidad estaban en un lugar no muy indicado que digamos, resultaron ser más pesadas que un yunque así que nos apestamos y nos viramos de ahí cachando que había nulas posibilidades de éxito.

Otra vez en la barra ingiriendo algún traguito, de repente llegan dos minocas al lado de nosotros: una igual más o menos rica y otra mala. Pero no sólo era mala, sino que además era flaite. Pero no sólo era mala y flaite, sino que además era vieja. Entera vieja. Sus 52 años le echamos. La suerte de los dos prontamente estaría echada, cuando la mina potable me empezó a engrupir con cuática, mientras que el monstruo empezó a acechar de la manera más peligrosa a Francisco. Al principio mi socio no le hizo el quite pensando en que igual la iba a despachar más o menos pronto porque nica estaba dispuesto a aperrar.

La mina con la que estaba conversando me dice que vayamos a sentarnos a una mesa, a lo cual accedo, nos pusimos a echar la talla y charlar de la vida de lo más amenamente. Por su parte, Francisco se veía de lo más lateado recibiendo los embates de la vieja mala. Al rato nos topamos en el baño echando una meada y el weon me dice

-“puta que me cagaste culiao, entera mala la vieja, y terrible tonta, habla puras hueás!!! Weon, yo en verda no estoy ni…”

Su discurso anti-vieja flaite se vio abruptamente interrumpido por una gruesa voz que viene de la puerta y dice:

-“Así que no le gusté al niñito, ah??”, acto seguido, entra, me agarra de un ala y me echa del baño y cierra la puerta con llave. Francisco fue atacado con alevosía y en despoblado. Dado su estado etílico, no pudo hacer mucho y la loca lo trajinó entero. Apenas pudo sacarse las zarpas de la vieja y zafó. Pero como ese weon era entero de weon, en lugar de virarse se fue a sentar a la mesa donde estaba con la vieja, la cual lo siguió hasta allá volando. Le empezó a acariciar las piernas por debajo de la mesa y a tirársele al dulce, sin embargo en un atisbo de cordura este gil logra correrse.

La marca personal de la suripanta era implacable y fiera. Era como enfrentar un mano a mano con Don Elías o con el Kaiser Beckenbauer y Francisco estaba extremadamente perturbado.
Pero aca viene la mejor parte: la bataclana se dejó de rodeos y le dijo: “Vamos pa tu casa guaso”. Francisco le dijo que no, ya que estaban sus hermanos chicos (que no tiene), que su mamá estaba enferma (estaba en la playa con su padre) y que además era una casa de familia y la wea y que en verdá no había mano pa llevarse una mina pa un one night stand.

-“Te invitaría a la mía, pero mis cabros shicos ya están aburridos de verme llegar todos los fines de semana con un lokito distinto… pero vamos a un motel po!!”

-“No tengo plata (ni ganas)”, respondió nuestro protagonista

La mujerzuela sacó dos billetes de 20 lucas y le dijo “no se preocupe muñequito, yo invito”, acompañando su afirmación con un sensual guiño (NOT).
Francisco estaba petrificado por el miedo. Se hizo el weon una vez más (es que estaba muy re mala) y sólo atinó a pedirle que, como andaba con plata, lo invitara a otro copete. Sabiendo que era su opción, la veterana no se negó y acto seguido Francisco tenía frente a sí 3 piscolas más para degustar.

Pasó el rato y mi compañero estaba más doblado que desagüe de lavaplatos. Ya no era capaz de distinguir izquierda de derecha y la única opción que tuvo para salir del local, fue del brazo de la pelada, que aprovechándose del pánico, se lo llevó a un motel.

Entre imágenes, Francisco recordó que era una wea mas pelienta que la chucha, que se la afiló sin cachar nada y que duró como 2 horas.

Obviamente no le dio su verdadero número de teléfono ni nunca más volvió a saber de ella. Pero sí siguió recordándola ya que al otro día en la noche se descubrió una inflamación en la tula, con lo que tuvo que ir con gran vergüenza al doc y someterse a un tratamiento para atacar dicha afección, que fue bastante costoso y humillante, que lo tuvo durante 8 meses sin hacer el coito

Por suerte el otro día pasé por fuera, y el local está completamente cerrado.

Comments

  1. Junto con el Baleduc y el Astronauta, el Crucero formaba el Triángulo de las Bermudas de las enfermedades de transmisión sexual. Un hoyo rancio y hediondo, lleno de chascones pasados a ala y peucas con el choro dinamitado. Por suerte el Sesma lo clausuró y le prendió fuego.

    Te faltó contar cómo te fue con tu rockero/a.
    ¡Y viva Chile mierda!

  2. jajajajaja puta la historia buena por la chucha.
    Y Notable saber que varios aqui conocieron el crucero, antro en el cual tb me di deleites de ranciedad y miseria.
    El compañero Distémper menciona el astronauta, no tuve el agrado de conocerlo…donde quedaba ese?
    Al baleduc nunca fui, pero puedo sumar a la lista de lugares rancios en donde pose mis nalgas piscola en mano el mítico Bar de René, y el Carrera, aunque ahi fui a bailar a si que no posé mis nalgas.

    Saludos

  3. Esta historia apareció una vez en el boletín SEI, contada casi en los mismo términos pero desde el relato de la víctima… lo que eleva fundadas sospechas de que el autor se hizo el vivo e invirtió los papeles para salvar su escasa dignidad…

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