cacaPor allá por los principios de los noventas, en mis correrías carreteras-metaleras solíamos juntarnos con un grupo de los peores putos traga copete del agujero en que vivía para ir a carretear en la rivera del río mapocho. Ese lugar en particular ofrecía refugio de pungas y pacos asi que la orgía de alcohol era impune hasta la madrugada. Lo malo era el olor a río o sea a mierda, agua con mierda y desperdicios industriales y lo accidentado de la geografía con la conformaban pastelones de concreto y grandes arbustos donde se podía mear, cagar y por que no, fornicar tranquilo.

Una tranquila noche nos juntamos los de la banda, o sea nosotros, los pseudo-músicos en ese entonces y la  “manga de mandingas” como se hacían llamar los otros weones, grupúsculo de mandriles con ropa que con cuea duraban sobrios media hora. A este variopinto grupete se le agregaban un par de féminas que amenizaban la tertulia, ya que entre tanto weón puto enagenado por el copete, tener un par de tetas era de agradecer.

En fin… este par de mozuelas conocidas como la Cachandra y la care’ gusano no dudaban en tratar de montarse al primer baleado de la noche, difícil tarea ya que ambas no eran muy agraciadas, hay que decirlo… eran mas feas que la chucha y de puro espanto a uno se le pasaba lo ebrio en milésimas de segundos

La cosa es que en pleno jolgorio cervecero se empezó a discutir de fútbol. Puta, esa manía de los weones de hablar de la pelota y caer en discusiones tan futiles y pelotudas. A tal punto llegó la efervescencia que los ánimos comenzaron a caldearse, el tono a subir y las chuchás volaban. Cachandra y care’ gusano, las chicas, al darse cuenta de la situación corrieron cual guarenes a esconderse detrás de un pastelón a esperar a que se calmaran las pasiones.

A tal punto llegó al bronca que uno de los changos, absolutamente ofuscado y subido sobre unas piedras, comenzó a despotricar y putear con los ojos blancos y espuma en la boca de pura furibundia en contra de un equipo de fútbol. Era tal su descontrol que empezamos maquinar un plan para aturdirlo callarlo, de lo contrario atraería la atención de los pacos. En eso estábamos cuando del flanco izquierdo aparece uno de los nuestros, o sea de la banda al que acá llamaremos Pomposo (para protegerle la identidad al maraco), casi ebrio gritando a viva voz: “Y que weón, a mi me gusta el colo..!!!!! ”

No fue mas… antes de que el pobre weón terminara de cerrar el hocico, recibía un monumental charchazo en la jeta acompñanado de un “…Y a mi que culiao !!!!”. Y el weón de Pomposo desapareció.

Como nuestro centro de atención era el weón que estaba colérico y fuera de sí, ni nos dimos cuenta que Pomposo no aparecía, hasta los 10 minutos que alguien preguntó por él. No lo niego, nos urgimos ya que la altura era considerable de donde se había descrestado este otro, asi que grande fue el alivio al ver  a este sacowea yacer boca abajo con medio cuerpo del agua  metros mas abajo, pero mas fue nuestra sorpresa que al bajar y llegar al lado del desdichado, éste olía a la peor mierda que se puede oler… o sea la mierda humana. Si señores… a este puto con suerte le había amortiguado la caía un cerro de caca y no cualquier mierda, sino la peor que puede haber en este mundo, las heces del hombre.

Lo agarramos como pudimos, con las puntas de los dedos,  y lo subimos. Arriba lo acostamos en un pastelón para que volviera en sí y se diera cuenta en el infierno de excremento en que estaba… embetunado hasta las cachas el pobre weón.

La care’ gusano, ajena a la situación del pobre puto, le saltó encima como maraca fea en celo que era, gritando: “Yo lo reanimooo…!!!”, pero no alcanzó a llegar ni a medio metro cuando el hedor a caca le hizo fabricar la peor arcada que he visto en mi vida. La arcada de la care’ gusano.

No fue mas… el ahora “boñiga-man”, tirado ahi alcanzó a escuchar lo que se le venía encima y raudo se incorporó de un salto, movimiento que por lo demás soltó los vapores fecales por doquier y que le salvaron el pellejo a manos de la moza aquella que ahora se retorcía en nauseas, además de espantar al resto de los comensales.

Pomposo se tuvo que ir solo a su casa. Nunca vi un weón caminar tan solo en este puto mundo.

El olor a mierda terminó con la noche de juerga.

Comments

  1. Dicen q la mejor forma de llegar a la casa de uno en la noche es olinedo a mierda…por muy poblacional q sea un “ratero” nunca querra quedar pasado a mierda ( o pensar q esta pasado a mierda pk en si ya son mierdas humanas)…gran consejo, lo aplicare luego del siguiente carrete q tenga…quedare como rey…! xD

  2. Jjajaraja; muy buena la historia! Le doy 5 jumbitos y un altazor.
    Lo más parecido que a esta situación que me ha pasado fué una vez que me dí una vuelta carnero en una plaza y me manché la mano con mierda, pero de perro, eso.

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