Agarra un coco con la corechetera

Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

Agarra un coco con la corechetera

No podría asegurar que el relato que viene a continuación es realidad o ficción. Llegó a mí como un pseudo mito urbano, que en realidad fue presenciado por el primo de la polola de un compañero de universidad, enfermo de cuentero (mi compañero (bueno, y según él, el primo también)). En teoría el primo este dio jugo estudió medicina 1 semestre y medio con notas como la gran verga paupérrimo rendimiento, por lo que terminó rindiéndose y estudiando una promisoria y nutritiva carrera llamada periodismo.

Tan poco fue lo que aprendió en dicha carrera de las ciencias de la salud este muchacho, al que llamaremos Alfonso, que la única gueá que tiene para compartir con la demás gente cuando le preguntan cosas al respecto de su paso por la facultad de medicina, son las historias que según él vio en vivo y en directo.
Una de ellas, quizás la más tórrida, ocurrió en un servicio de urgencia de una localidad del país SAPU de Cerro Navia que no revelaremos.

Sucedió entonces que una noche llegó bastante compungido y alterado un paciente cuyo rostro evidenciaba una dolencia profunda e intensa. A simple vista algo raro se apreciaba ya que se notaba algo afiebrado y estaba más pálido que culo de esquimal. También se encontraba algo encogido y con una de sus manos se tomaba la entrepierna de manera insistente.

La enfermera jefe procedió a realizar su ingreso, y ahí fue cuando acudió Alfonso junto a uno de los médicos de turno para atender al paciente. Al comienzo no les quiso revelar el origen de sus molestias físicas, tan sólo se tendió en la camilla y no se sacaba la mano del paquete. No fue fácil hacer que los dejara llevar a cabo su labor médica, y tan solo lograron convencerlo de bajarse los pantalones (y no para chuparle el pico) una vez que la enfermera y la otra interna presente se marcharon, y ahí pudieron observar el origen del malestar del caballero en todo su esplendor.

Su aparato reproductor completo estaba envuelto profusamente en gasa y vendas, con manchas amarillas (debido a alguna clase de desinfectante) y rojas (por el shocolate) alrededor. Casi intuitivamente, él se resistía a que lo revisaran ya que si bien quería recibir atención médica, el dolor era extremo cuando le tocaban su vendaje artesa.

Después de cierto rato weveando, finalmente pudieron calmarlo y abrir el envoltorio: un olor penetrante se dejó sentir en el aire del box hospitalario. Pero el olor no era nada comparado con lo que podían admirar frente a sus ojos: el agilao este tenía una profusa herida en el escroto, con forma de marrueco de pantalón. La herida chorreaba sangre y pus, alrededor de la herida la piel estaba de un color como entre morado y azul, y el escroto propiamente tal lo tenía como balón de hándbol.

Se notaba que el longie había intentado, presumiblemente por vergüenza de mostrar su accidente al público, curar su herida en la casa, con lo que tuviere a mano, pues era evidente el el vello genital había sido cortado hacía no muchos días, y se percibían algunas lesiones posiblemente producto de su mal manejo del problema. Sin embargo, lo que más llamaba la atención, eran unas patitas metálicas que sobresalían de la piel en ciertos puntos de la lesión.

Algo confundidos, el doctor y Alfonso le preguntaron qué era eso, y él contestó que había tenido un accidente laboral, y que en su desesperación producida por una lesión testicular, había procedido a cerrar la herida con una corchetera industrial que tenía a mano en ese instante.

El misterio quedaba develado: este imbécil tenía corchetes en las weas, y eran varios y de 2,5’’ para peor, que en algunos lados los usan para fijar tableros de madera. Evidentemente lo que hicieron fue aplicar una vacuna antitetánica y desinfectar para prepararlo para una intervención quirúrgica.

Durante la operación, Alfonso y su médico le extrajeron 12 corchetes en un estado repugnante y realizaron aseo quirúrgico como se debía, sin embargo, luego de eso, empezaron a indagar dentro del paquete del pobre paciente, y se dieron cuenta que el weon tenía un coco desaparecido en acción. Lo buscaron por todo el escroto pero no lo encontraron, así que mi compadre quedó irremediablemente cojo.

Finalizado el procedimiento, todos los presentes se pusieron a elucubrar respecto a lo que acababa de suceder. Con una incredulidad propia de la situación, muchos no eran capaces de establecer una razón lógica para lo que le había ocurrido. Sin embargo después de puro sapos y hasta de mandarse una apuesta, lograron sacarle la información a la víctima de tamaña flagelación.

Resulta que este chuchesumadre grande, que luego de todo el weveo logró confesar lo ocurrido solamente a Alfonso (según él, pues no logró confiar en nadie más): este weon del paciente era un loser reculiao que no tenía mina ni que le pidiera plata, y que cada vez que se quedaba sólo en la planta donde trabajaba, pescaba un poco de lubricante para la máquina y metía la tula entremedio de algún rodillo de espuma para que se la sobajeara un resto y así poder obtener el placer carnal que era incapaz de conseguir con una mina.

Lamentablemente en dicha ocasión, la gente de mantenimiento no le avisó que debido a pruebas para un nuevo producto cambiaron los blandos y tulísticamente confortables rodillos de espuma por unos polines con pequeños dientes metálicos que a todas luces impedían la concresión de la placentera maniobra, mas nuestro amigo nunca supo de ello sino hasta que ocurrió el accidente.

Al ver que un coco ya se le había caído al piso debido a la herida producida en el saquito, no quiso por nada del mundo olvidarse de tener descendencia así que con lo más cercano que tuvo a disposición, procedió a cerrar la herida, siendo la herramienta utilizada para ello, una corchetera industrial. La cagada y la humillación fueron tales que antes de que su jefe siquiera esbozara la primera letra de su carta de despido, él ya estaba dejando su cargo a disposición.

El coco perdido finalmente lo recogió gente del aseo, y actualmente figura en un frasquito como trofeo en el camarín de los trabajadores de dicho lugar.

Comments

  1. XD jajajaj… no me la creo para nada pero en fin.

    Aparte que esas cosas no pueden llegar y caerse, habria que cortar todo lo que los sostiene por dentro… o que crees que flotan…
    En fin 😛 Me rei.

  2. VERÍDICO!
    Este horrible caso de autoflagelación fue reporteado por el siempre verídico, execrable pero a la vez entrañable (lo digo por la bomba h motivo de innumerables actos onanísticos durante mi pubertad) diario la cuarta.
    Recuerdo que fue motivo de burla y comentamos el caso con amigos. Parece mito urbano pero es verdad. SAD BUT TRUE

  3. Mula la historia, pk ningun mecho de medicina va a un servicio de urgencia. Los qls no van hasta pasar por lo menos 6 semestres, sino irian a puro gastar aire, si no saben ni siquiera que chucha es un hematoma.

  4. Tan vios que el “Alonso” es un chanta ql que leyó la noticia en la cuarta y la usó para que su salida de la carrera no fuese tan “vacía”

    Tamos claros que en segundo semestre en medicina aun ni vai a hospital, puro plan común nomas y meeeenos a hacer turno de noche… chanta el lokito, pero buena la historia, se agrega a las ya conocidas del loco que se le queó la tula en un rodamiento y la mina que se embarazo por sentarse en un baño publico en Canadá.

  5. Un clavo saca otro clavo…eso debió haber pensado el socio en la lógica de la desesperación y la verguenza. Aparte que no se le puede pedir mucho a un socio que disfruta del sexo con machines.

  6. Si mal no recuerdo el titular de La Cuarta decia algo así como “Se enamoró de rodamiento”,creo que al maquinofilico le sacaron la chulapi con una galletera

  7. don herno: no confunda mierda con pichi. esa wea fue cuando un weon se estaba pajeando con un rodamiento y se le quedó atascado en el espolón noqueador, pero efectivamente decia “se enamoró de un rodamiento”.

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