Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Fuck Friends

La hueá es que anoche, después de bailotear un rato en un guateque de gente más linda que yo, me puse a hablar a calzón quitado con Marilú. Ella me pasa por un par de años pero se mantiene más flaca que un espárrago; se separó hace un tiempo sin mayor drama y vive de lo más bien. Se siente en la flor de la vida, pero se aburre como ostra.

Le cuento que -recién reinstalado en la más estúpida soltería- me da una lata soberana pensar siquiera en pololear de nuevo. Claro, me asusta que un día se me seque el manguaco o que me mire al espejo y descubra que soy un viejo comemoco: sin embargo, me viene la lipiria de puro pensar en la dinámica diaria de la llamada “para saber qué hiciste hoy”, de inventar cosas para matar las horas el fin de semana -o peor aún- de que ni siquiera se me pare disfrute de la compañía del sexo opuesto.

Ante el interés que demuestra la chiquilla, prosigo con mis divagaciones mientras me empino un vinacho. Le digo que en verdad ya no me entusiasmo con nada y que estoy absolutamente empeñado en encontrarle hasta los defectos más minúsculos a cada mina que conozco: “Es que no tiene tetas. Es que tiene mucha teta. Tiene algo raro en el poto. Tiene un rollito. Tiene tres rollos montados uno encima del otro. Se le ve la nariz medio torcida. Me carga ese lunar. Habla raro. Vive muy lejos. Vive muy cerca. Ve mucha tele. Es muy pobre. Es muy cuica. La música que escucha es basura. Es como la corneta en la cama. Se ríe mucho. No se ríe. Huele mal. Parece que es muy caliente. Es amiga de un grupo de hueones. Está cagá del mate. Por algo estará sola, po”. Puta el maricón grande, si no soy Cristiano Ronaldo tampoco.

La pobre Marilú está en las mismas. Cuando subimos al auto, se confiesa.

Lo que pasa es que yo no quiero pololear más. No quiero emparejarme con nadie ni verle a nadie la cara de hueón cada mañana; no quiero olerle los peos a ningún saco de hueas más en mi vida. Y, claro, que todos los mierdas se metan sus dramas y sus celos por la raja. Me gusta la idea de que alguien me invite a salir, de coquetearle, de conversar un rato por messenger antes de dormir, pero nada más. No tengo ganas de hablar hueás por rutina, nunca me ha interesado la pega del hueón con el que estoy; en general los amigos de cada imbécil con el que me he emparejado me caen como las bolas. ¿Sabís en verdad lo que quiero? Un culiao que me guste, que hable poco y con el que pueda acostarme una vez a la semana. No necesito más. Basta y sobra. En eso estoy”.

El paso siguiente hubiera sido irme para su casa, pero Marilú es amiga mía hace veinte años y nunca le he gustado ni un poquito siquiera (y la verdad la encuentro algo vieja pa mí y bastante escuálida).

Comments

  1. En realidad ya no se me ocurre ná, y efectivamente el manguaco se me secó. A mediano plazo, no veo posibilidad alguna de tocarle siquiera el codo a ningún miembro del sexo opuesto. Puta que triste es mi vida por la rechucha mi madre.

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