Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Con Enriqueta llevamos tres años juntos; como todos los pololos después de tanto tiempo, nos detestamos con juvenil entusiasmo. Cada semana nos mandamos a la chucha y humillamos en público; de vez en cuando, muertos de curados, nos pegamos sus buenos coscachos para el deleite de familiares y conocidos. ¿Y por qué chucha seguimos juntos? Porque nos amamorsh demasiadorsh y nadie puede comprender los pequeños inconvenientes domésticos, magulladuras, ojos en tinta y TECs abiertos causados por quererse tanto.

Un buen día -hastiados de la rutina de poca cacha y mucho charchazo- decidimos que sería una estupenda idea pasar el Año Nuevo en Valparaíso. Tomaditos de la mano, contemplaríamos en vivo el espectáculo pirotécnico que cada 1 de enero deleita al pueblo enfiestado a través de la señal de UCV Televisión.

Acompañados de dos de sus amiguetes, partimos ese 31 de diciembre a las 5 PM hacia el litoral; llenos de esperanza, nos prometemos una jornada inolvidable. El taco para el peaje de Lo Prado, empero, comienza a la altura de Matucana: Enriqueta, algo irritada, me culpa hasta del calentamiento global. “Hueón reculiao, ¿cómo se te ocurre partir tan tarde, maricón reconchetumare hijo de la gran perra”, me explica frente al respetable. Yo manejo nomás. Tras cuatro horas de agradable viaje llegamos al puerto; aunque los ánimos están algo caldeados, pongo mi mejor cara de imbécil y pago con alegría las cinco lucas que nos cobra un joven emprendedor para no hacernos bolsa el auto.

Partimos entonces a buscar un mirador desde el cual disfrutar de los fuegos artificiales. Enriqueta, siempre sedienta, saca un par de botellas de piscola hecha en casa que procede a empinarse al seco sin siquiera convidar. Como resulta fácil de adivinar, la inmunda ciudad transpira gente y encontrar un puto sitio vacío es misión imposible. Caminamos como los hueones por todos los cerros de basura y el borde costero mientras mi amorcito luce una cara cada vez más cercana a la del Chacal de Nahueltoro antes de pitearse a toda su familia. Tiemblo anticipando una tragedia.

Entonces, de milagro, diviso en lontananza un huequito al lado del mar. “¡Te dije que íbamos a pasarlo la raja!”, le grito triunfal tras acomodar nuestros culos en la piedra minutos antes del inicio del show. Cuando estalla el primer petardo, abrazo conmovido a la compañera de mis días, quien refleja en sus ojos algo que podríamos denominar cariño embrutecido.

Veinte segundos más tarde, sin embargo, sucede lo inevitable: desde los cerros baja la catarata de aguas servidas que cae el mar justo debajo nuestro, pues estamos sentados sobre el desagüe una matriz de alcantarillado (lo que explica la total ausencia de parroquianos alrededor nuestro). Y así, mojaditos y bien pasados a caca, pasamos el resto de la noche insultándonos y sacándonos cresta y media.

Comments

  1. Uajajajaja, conchasumadre. La pasaron literalmente “la raja”: Pasados a caca!

    Puta la hueá. Ya no me pregunto hasta donde pueden llegar estar historias porque sé que pueden llegar a un peor puerto cada vez. Literalmente.

    Saludos!, El Cerdo

  2. conshesumare!!! ajajajaj no me explico como historia tras historia el final es siempre mejor (o peor, depende)
    pero cumpliste, lo pasaron la raja, eso es lo que cuenta…

    saludos “amadoresh”

  3. Queridos putos amiguis:

    Si relatara un 10% de mis ejemplares historias con Enriqueta, podría llenar un tomo. Y por supuesto que “intimé” con ella; no iba a pasar cuatro años jugando al ludo, hueones.

    Les quiero. Y al que no le gusta, se va de patá en el hocico.

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