Pobre.

Enriqueta era una viuda de verano, disfrutaba del sol como ninguna hasta que un accidente en el TAGADÁ (o Samba para algunos mas poblacionales) hizo que su rico poto se le subiera en las espaldas.

Hoy las luce (y explota) como tetas traseras, lo que le ha dado el caris de un verdadero fetiche sexual en San Diego con Coquimbo.

Sueña con un mañana, un mundo nuevo debe llegar.

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