Big Fat Jewish es un intento de ingeniero al que convencimos de que escribiera en este sitio con el fin de revindicar a la colonia judía, cosa que no ha dado mayores resultados. Publica en las columnas de The Critic y Cuentateste, por el momento.

Las Asombrosas aventuras de Centello Soto

Hay gente a la que en esta vida todo le sale mal: son feos, estudiaron carreras mierdosas y poco valoradas laboralmente, les va mal en el amor, son pobres, son negros, etc.

A quienes la vida los trata mal, por lo general toman 3 caminos. A saber: el primero de ellos, es el del autoencierro, la depresión, el aislamiento social. En los 90’s se reflejaban en el típico guaton gringo nerd que en lugar de ir a una fiesta, prefería pasarse una noche de fin de semana comiendo pollo frito viendo películas o pegado al computador. En la actualidad, quienes desarrollan tan patética personalidad mutaron en lo que conocemos como “emos”, pendejos de mierda con caca en la cabeza, que parece que gustaran de hundirse más en el fango siendocomo son.

El segundo, es el del perdedor que no ve una. Al contrario del anterior, no tiene la determinación que tiene el anterior para declararse de dicha forma o bien para integrar el correspondiente patético grupúsculo social. No tiene amigos, no tiene mina, no lo invitan a los carretes, y no cacha que nadie lo quiere. Se auto-invita a todos lados, y por lo general demora mucho más de la cuenta en darse cuenta que debe virar de un encuentro social cuando el éxito con las minas ha sido y con toda seguridad seguirá siendo un rotundo y colosal fracaso

Finalmente, contamos con aquel sujeto que a pesar de lo gil y socialmente atrofiado, sigue tirando pa’delante. Cree que todos lo quieren, y al menos, al contrario de los otros dos, hace reir. Es como el típico compañero de la U que viene del sur, huaso, nulamente experimentado, con cero sex appeal, cero liderazgo, etc… pero que igual divierte algo. Es un weon bastante poco aporte, pero al fin y al cabo llega a ser desagradable tenerlo encima siempre.

Esto que acabo de describir, amigos, no es ninguna novedad. No he descubierto la pólvora ni les he contado algo de lo que no tenían conocimiento. Con mucha seguridad, todos quienes leyeron las descripciones anteriores, lograron ver en sus cabezas la imagen de algún amigo o conocido que calzara certeramente con el respectivo perfil. Pues bien, yo conozco a uno que a lo largo de las diversas etapas por las que ha metamorfoseado en su vida, ha calzado con una precisión asombrosa con cada uno de los arquetipos de personalidad aweonada que he detallado anteriormente. Su nombre: Centello. El apellido: Soto.

“Estará weando este weon”, dirán ustedes… “no”, diré yo. Puede costar creerlo al principio, sin embargo al conocerlo uno de inmediato nota que está ante una verdadera joya: un pelotudo de proporciones titánicas que ha sido protagonista de las historias más patéticas que puedan imaginar debido a su particularmente perdedora personalidad. Lo mejor de todo, es que no para. Y con mucha seguridad hará que les pueda brindar todo tipo de historias, anécdotas y acontecimientos en los que él sea el triste y poco agraciado protagonista.

La primera vez que ví a Centello en mi vida, era una cálida tarde de Enero. Nos juntamos entonces 5 amigos que nos encontrábamos en la ciudad dicho verano. Algunos trabajando, otros realizando práctica profesional, y otros simplemente sin dinero para irse de vacaciones a algún otro lado. Fue así como confluímos los de siempre en un conocido bar de Avenida Manuel Montt para un público objetivo eminentemente universitario.

Sin emabargo en dicha jornada estaba convocado un comensal extra. Cristóbal no había llegado solo. Al llegar nos presenta a “un compañero de pega”. Cristóbal se encontraba haciendo su práctica en una maestranza, no como goma ni mucho menos, sino que trabajando directamente con el dueño en un tema financiero para arreglar la cagá que tenía con sus declaraciones de impuestos mula. Este compañerito no estaba al nivel ni intelectual ni pseudo profesional de Matías, ni tampoco era un viejo de los experimentados en el lugar de trabajo, sino que era el más goma entre los gomas de los viejos que trabajaban en la maestranza. Un weon relativamente inútil, relativamente ignorante, más bien poco hábil en todo sentido, y que se cachaba a lo lejos que significaba bastante poco aporte en su fuente laboral. Además no era taquillero, no tiraba buenas tallas, no tenía buenas historias.. pero en algo sí era un campeón: en repeler minas.

“Le decimos ‘Yeyo’, pueden decirle así”, nos dijo Cristóbal al presentarlo.

PERO EN VERDAD ME LLAMO CENTELLO SOTO

bramó altisonante el otro animal, para despejar toda duda acerca de su nombre. De una cachamos que no se podía esperar mucho de quien no tardaba en dejarse en evidencia de tamaña forma.

Luego de mordernos la lengua (cada uno, no entre nosotros), procedimos a ordenar unas pilsener heladitas para paliar la angustiante sed que se apoderaba de nuestras gargantas en aquella calurosa y seca tarde veraniega. Sorpresa nos causó notar que a la mitad del primer schopito, Centello ya estaba completamente arriba de la pelota. Al finalizarse su ración personal, comenzó a dar jugo: le silbaba a las minas del local, comenzó a tirarse portentosos flatos, y cada tanto bromeaba realizando amagues de que estaba a punto de cagarse en la silla, esforzándose para que los demás presentes en el establecimiento lo notaran. Claramente cachamos que era el cacho del que había que deshacerse pronto.

Si el espectáculo hasta ese momento era desagradable, peor fue cuando llegó la única mujer presente a la mesa: mucho antes de cachar la calaña de personaje con la que habríamos de compartir, habíamos invitado a la Lore, que también estaba acá de vacaciones. Cabe mencionar que dicha damisela es la típica amiga con tula que uno tiene: fea, wena pa decir groserías, y amante de la cerveza. La amiga ideal. La Lore es una mina muy querida por todos sus amigos, sin embargo nunca nadie ha osado siquiera a tocarle un pelo. Era como uno más de los machos. Sin embargo dicho equilibrio se quebró totalmente cuando llegó al local en que nos encontrábamos departiendo: Centello quedó embobado con la mina, como si hubiera visto a Maria Sharapova o alguna por el estilo. De inmediato corrió a acomodarle la silla (no sin tropezarse antes con una mesa vecina, botando al piso 2 botellas de pilsen), generando un gesto de ‘?’ entre todos los presentes, incluida la Lore, que no pasó piola, a lo que inquirió

GUE TANTA GUEA MIERDA, HAY GUE SE  GA’ALLERO CON LAS PRECIOSURAS

Un desatino por donde se le mire. Para ese entonces ya teníamos claro que el carrete debíamos continuarlo en otro lugar, proceso en el cual nos desharíamos sin duda de este pastelazo. No lo habíamos acordado de palabra, pero sí se notaba en las miradas. Salvo en la de Cristóbal, quien lucía un semblante entre culpabe y arrepentido, por haber traído a este animal a con nosotros.

Luego de finalizar la ronda, decidimos ir a otro lado. La Lore sugirió su hogar, ya que estaba sin los viejos, y podríamos invitar a más gente y armar un brillo. Accedimos sin dudar, pero al momento de organizar la logística, un ebrio Centello (que ya lucía vistosas medallas de alcohol en su vestimenta, además de tener una zapatilla con caca fresca -presumiblemente suya- en la suela) le comunica a Cristóbal que debe acompañarlo a su auto para que le pase la mochila que dejó ahí, por lo que los planes de deshacernos de él se complicaban un poco.

Al llegar al mecionado vehículo de nuestro amigo, Centello no hizo más que tomar su prenda, y subirse al automóvil car’e raja, sin haber recibido en ningún momento la invitación para dirigirnos al inmueble de la Lore. “Filo, ahí en el camino lo tiro en alguna parte y listo”, esgrimió Cristóbal cuando elucubrábamos algún tipo de plan para poder sacarnos de encima a ese culiao.

Con tal, nos distribuimos en los restantes automóviles que había disponibles en la ocasión, y nos dirigimos donde la Lore, donde nos esperaban algunas amigas de ella, rogando por no tener que compartir otro encuentro con aquel caballero llamado Centello Soto…

Comments

  1. Si mi apellido hubier sido Soto, me cambio altiro el nombre de pila por Centello.

    CENTELLO SOTO!………….genial 🙂

  2. Me reí mucho con la historia, muy buena. Todo bastante bien, hasta que leí el pasaje que comparas a la gente del sur con el perdedor… Me quitaste la sonrisa de la cara ¿Tanto sentimiento de superioridad? ¿Tanta soberbia? No todos los que provienen de allá son “poco aporte”, tu generalización es bastante lamentable.

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