Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Antes de concluir de una puta vez el relato de mis insípidas aventuras con Enriqueta, estimo imprescindible registrar lo ocurrido justo al día siguiente de que nos despedimos en Florencia.

Decidido a disfrutar de mi seudo-soltería, he abordado “El Tren de la Costa Azul”. Es una carcacha más rasca que el Metrotrén, pero sirve para recorrer hasta España a precio de hueo. Lo malo, claro, es que para llegar a destino debes pasar por el país más abyecto de la Tierra: Francia. Advertido por mis compañeros de compartimento, no bajo en Marsella (“puerto inmundo lleno de árabes”) y espero hasta llegar a Montpellier, que según me dicen es más bonita que la chucha.

La verdad es que el pueblo es una soberana mierda. Tras vivir un año en Italia, ya he recorrido todas las iglesias que quiero ver en mi puta vida; lo único que me sorprende es ver desfilar por la calle una orgullosa macedonia racial. Negros, turcos, indios, chinos, mujeres: todos marchan frente en alto luciendo un orgullo que no merecen. Además, no se les entiende ni bola lo que hablan.

Cabe señalar que previamente he pagado una noche en un albergue juvenil. Y como soy el hueón más rehueón del planeta he salido de paseo portando un banano de cuero que contiene TODAS mis pertenencias:

  • Picomil euros en efectivo.
  • Mi pasaporte chileno.
  • Mi pasaporte comunitario europeo de cuarta generación.
  • Billetera con carnet de identidad, licencia de conducir, credencial estudiantil, Redbanc y tarjeta de crédito.
  • Pasaje de tren a España.
  • Pasaje de avión a Chile.
  • Cartas de amor de Enriqueta (?).
  • Condones (!).

Aburrido como ostra tras el tour, tipo 9 PM pienso que antes de irme a dormir podría beberme una chela en la plaza. Imbécil a morir, juro que dándomelas de cosmopolita alguna francesa me meterá conversa para llevarme al catre. Y ahí estoy, sentado en una banca viendo a la gente pasar; a la distancia, veo a tres muchachitos jugando a la pelota.

Como ya a estas alturas todos deben sospechar lo que pasó, lo resumo. Los jovenzuelos en verdad son tres argelinos sicópatas que en cosa de segundos están encima mío. Agarran la lata de cerveza y me la derraman encima; luego comienzan a gritarme en su inmunda jerga hasta que se fijan en el banano y me lo quitan.

Aterrorizado y sin saber bien qué hago, los persigo por dos cuadras hasta que caigo encima de uno y me aferro al banano como si mi vida dependiera de ello. Habituado ya a convertirme en un ovillo humano, resisto: los hijos de perra se deleitan pateándome en el suelo y tironeando la hueá que en el fondo es un tesoro. Yo grito “¡auxilio!”, “help!”, “socogó!” y cualquier palabreja que se me ocurra. “Ya, me voy a morir, punto”, pienso. Recién cuando pasan tres minutos de show un grupo de buenos samaritanos enfiestados escucha la escandalera; armados de palos y cuchillos de cocina, bajan y espantan a los agresores.

Qué vergüenza, esto no debería pasar en nuestro país”, me consuela en un inglés champurreado una linda chiquilla mientras yo tiemblo de pánico sentado en el pavimento. “Ven, entra a la casa, límpiate y tómate algo”, me dice otra.

El banano está en mis manos y no deberé convertirme para siempre en un vagabundo indocumentado. Más tranquilo, seco mis lágrimas; decido que iré a la fiesta y lo pasaré bien. Pero cuando logro ponerme en pie, noto que estoy todo hediondo. Nunca la expresión “cagarse de miedo” tuvo tanto sentido: mi propia mierda me chorrea hasta los zapatos. Los esfínteres, sépanlo bien, actúan de extrañas maneras en situaciones límite.

Así que declino la invitación y me largo derechito al albergue, donde me ducho con los pantalones puestos para sacarme de encima el medio kilo de caca que llevo encima.

Comments

  1. Jajajaja. Puta, tengo teorías al respecto: yo creo que te pegaron tantas patadas en la guata que se te llegó a salir la mierda a presión.

    Ahora, me parece más extraño que ningún puto francés haya detectado tu eminente olor a mierda. Porqué será.

    Nunca más te daré la mano.

    Saludos! El Cerdo

  2. Buen relato ELMO!! aunque tengo una duda

    por que no te bañaste y te fuiste al carrete despúes???
    A lo mejor con la francesita habia una opción.
    Chantalo luego wn!!

    salu2

  3. Menudo boludo, los putos argelinos son una puta lacra en francia, llegan al status de flaite chilensis. Pa que chucha te fuiste a meter ahy…

    A todo esto, concuerdo con @And3: Por que chucha no fuiste al carrete despues de lavarte…

    Se agradece que ya no sea enriqueta quien te saca la chucha.

    Saludetes, Lanza Internacional

  4. ¡Waaaaaaa! ¡¡Patético reconchatumareeeeeeeeee!!
    En todo caso los franceses son hediondos, en una de esas la mina no cachó (espero).

  5. ¡Hola putos!
    Yo tengo otra teoría de por qué me defequé encima: pues porque andaba desde hacía horas con ganas de cagar y obviamente en una ciudad extraña -y llena de hueones a los que no se les entiende ni bola- no tenía donde puta hacerlo. Entonces, en medio del revolcón, me relajé (?).

    Y si no fui a la fiesta es porque estaba traumado y todo cagao, po. El olor a caca, sépanlo, se pasa como después de cuatro años masomenos. Mejor así, porque detesto a las minas con pelos en los sobacos y pasadas a ala. Además, es un hecho que Francia entera vale callampa; se creen la raja los muy reculiaos: si no eres Trufó eres Platiní, la guarra más puta se jura igual a Yuliet Binoch. Pa eso mejor elijo el producto nacional.

    Adieu.-

  6. así la vida te enseña que es mejor ser pateado por la abusiva Enriqueta que por lo menos no quedas todo cagado e igual después puedes ensartarlo…

    asumelo…

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