Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Luego de ser vejado por los argelinos, huyo de Francia con viento fresco y una mochila llena de ropa cagada. Sufro espasmos cada vez que algún pelotudo con cara de musulmán -o chileno- me mira feo: mi único afán es refugiarme en un país donde hablen cristiano y la sociedad sea menos multirracial.

En Madrid soy acogido cariñosamente por una prima. Tras un año de ayuno y abstinencia, peso 48 kilos y mi cara luce un fascinante tono ceniza; alarmada, la simpática joven me somete a un urgente régimen de engorda. Pasados los días -con la guata llena de tapas, chorizos y tortillas- recupero el color y recuerdo cuál era el objetivo del viaje a España: deshacerme de mi malvada polola Enriqueta, quien me aguarda en Chile con el vestido blanco en la cartera.

Un buen día, mi prima me informa que seremos de anfitriones de un par de amiguitas suyas. El menú, preparado por su beodo marido, consiste en dos bandejas de sanguchitos y un balde con cinco litros de sangría.

Las chiquillas, si bien no podrían postular al cetro de Miss España, resultan ser potables, dijes y bastante solteras. Maruja, en particular, le daría tres patadas en la raja a cualquier chilena promedio del Parque Arauco; Marta, la otra, exhibe una generosa delantera que en parte compensa su evidente cara de portazo. Ambas, además, demuestran una particular simpatía hacia Sudamérica y sus morenos habitantes. Lo más importante: tras empinarse siete vasos por nuca, quedan borrachas como sapo.

Emparafinados, decidimos salir a mover la patita. En el camino la linda Maruja me mete conversa: descubre con asombro que en Chile disponemos de avances del mundo desarrollado como el asfalto, las pilas alcalinas y el bidet; yo, a su vez, le cuento que solidarizo con ETA (?). Ella se ríe toda cocoroca. “Esta es la tuya, caurito, chi chi chi, le le le”, pienso maquiavélicamente mientras caminamos hacia una parrillada bailable o algo así.

No puedez entrar con ezoz zapatoz, ze arruina el pizo”, me informa el guardia en la puerta del local apuntando a mis calamorros. “¿Acaso queríh que entre en pantuflas?… coño y la cuchetummmmmf”, le respondo. Marta, indignada por el atropello, acusa al gorila de ser un racista y amenaza con denunciarlo a una ONG que defiende los derechos de los sudacas. “Mejor vámonoh a otra parte, oh”, propongo dando media vuelta.

No soporto estos abusos, qué vergüenza que traten así a tu gente”, me susurra la dulce Marujita acurrucándose a mi lado. Tiemblo de emoción, me siento como cuando Lautaro se encatró por primera vez a Inés de Suárez. De pronto siento calor en mi mejilla, mis labios se humedecen y mi boca palpita…

¿Nuestro primer beso? Las pelotas. Ha sido el guardia de la disco, quien en un arrebato de orgullo franquista castiga nuestra insolencia lanzándome una maletera patada voladora que me impacta en pleno hocico, del cual ahora brota sangre a borbotones. Desparramado en el suelo por enésima vez, no entiendo ni bola lo que sucede. Mientras, Maruja llora desconsolada y Marta putea de lo lindo al simio karateca que logra ocultarse dentro del local.

(Continuará)

Comments

  1. Te leo de nuevo y cada vez me das mas risa con tus weas de historias, sino te saca la chucha la enriqueta te la sacan angerlianos o madrilistas karatecas… eris un quemao culiao espero que por lo menos te agarris a esa española ya que esta historia ya me mola un mogollon tio =)

  2. uta wn… ojala pero ojala no llegui a la cana porque con tu suerte wn te van a dejar como colador al primer dia

    saludos

  3. jajaja puta que me dan risa tus historias wn xD, me hacen sentir una persona bendita (por lo quemao que eres obviamente)… Y al que no le guste chupenla weon, hagan ud sus historias.

  4. En efecto, creo que ese día en que me sacaron la rechucha lucía una ajustada camiseta de la U talla 10. Me veía lindillo, listo para el dancing.

    Lo que pasa, asamblea de tragasables, es que a mí o dan ganas de amarme o charquearme: no hay puntos medios ni medios putos.

    Les amo.-

  5. A este culiao lo tienen de puchin-bol andante.
    Le dieron un ¡ZAZ!¡En Toda la Boca! Voh tenis la suerte de Kenny de South Park, solo que no mueres. Muere de una puta vez!

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