Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Besuquié a tu amiga, ejem”, le confieso a mi prima cuando llego con cara de criminal a su departamento madrileño pasadas las 10 AM. “Enriqueta te ha llamado cinco veces desde Chile, ¿no sería bueno decirle que le pusiste el gorro, canalla?”, retruca con asco.

En el desayuno, procede a informarme sobre el prontuario romántico de Marta, mi conquista. Resulta que la pobre diabla es novia de Josele, profesor de yoga peruano que posee una verga despampanante que compensa su terrible cara de indio. El muy puto le acaba de poner los cuernos con una tal Conchita, también amiga de mi prima y quien por esas cosas del azar no sólo reside en el mismo edificio de Marta: vive exactamente en la puerta del lado. En suma, yo he sido la carnosa herramienta para la venganza de una mujer despechada.

Pasmado ante tanta cochiná, esa noche me reúno con la cornuda Marta. La chiquilla me confirma punto por punto la historia -incluidas las grotescas dimensiones pichulares de su novio- y aclara que ella no quiere ninguna hueá seria. Como yo tampoco, acordamos que nos seguiremos viendo en buena onda y qué tanta hueá también.

Durante los días sucesivos, evito como buen maricón hablar con Enriqueta: sé que si se entera de algo juntará plata, pescará un avión y vendrá a arrancarme la corneta a mordiscos. Aplicando sus poderes paranormales, una noche la bruja me asegura por teléfono que sabe que le fui infiel. “Niaaah, estai toa perdía, yo tiiiiiamooooo”, le miento aplicando la útil caraderrajez que acabo de adquirir.

Aunque sigo saliendo con la española, pronto me doy cuenta de que está completamente cagá de la cabeza por Josele. “No soy capaz de dejarlo”, me admite mientras yo pienso en el pedazote de carne inca. Y así continúa mi ociosa vida de callos a la madrileña: en cierto momento de confianza Marta me confiesa que es operada; yo reacciono con pavor preguntándole si antes era hombre. “No, gilipollas, ¡soy operada de las tetas! Me sacaron casi dos kilos, me mataba la espalda por el peso”, me informa. Para variar quedo como imbécil: luego del estúpido incidente, la relación se enfría hasta convertirse en una fome amistad.

Aburrido a morir, un buen día me encuentro en una plaza con la mismísima Conchita, a quien he conocido un año antes cuando paseaba con mi polola Enriqueta por Madrid. Dueño de una horripilante confianza en mis medios, la invito a tomarse una cerveza y le tiro la lengua para que me cuente de Marta, Josele y su enorme prieta: como chileno y patriota, mi honor está siendo mancillado.

Emulando a Arturo Prat, no lo pienso dos veces y besuqueo a Conchita, con quien salgo tomadito de la mano del mugriento local. Muerto de borracho -y protagonista de un sórdido rectángulo amoroso- por fin me hago hombre: “Espérame dos minutos, tengo que mandarle un mail a mi polola”, le digo cuando veo un cibercafé. “¿Pero qué coño es una polola?”, me pregunta la muy ignorante.

Comments

  1. :S Cada vez mas decadente, la Enriqueta te va a sacar la chucha nu mas, capaz ke te meta la tula el peruano…. Saludos Distemper siempre me rio de tus basofias publicaciones e imbeciles humillaciones =)

  2. Ésta parte es la que más se me quedó : “Durante los días sucesivos, evito como buen maricón hablar con Enriqueta”…

    Todos son iguales poh!!
    jajaja

    Buena historia me gusta la gente que disvaría jeje

  3. ya me está aburriendo tu wea de cuento. Dejai todo a media y no contai nada wn, te pareces a los comerciales del Mtv, PURAS WEAS!!

    salu2 internacionales.

  4. Uy, ¡se dieron cuenta de que esta saga se alarga como chicle y no lleva a ninguna parte! Qué astutos son. Al menos, en defensa de mi fomedad, puedo decir que la historia es en un 94% cierta (aprox.).

    Mi única reflexión/consejo es que siempre prefieran el producto nacional: uno se acostumbra al olor a empaná de pino y/o caldillo de congrio. Y una mina que se depila al menos una vez al mes no es desdeñable, claro está.

    Igual los amo, putos.-

  5. Me gusta el relato, tiene esa cosa tibia, de ni fu ni fa, la media tinta, los excesos no tan excesivos y enredos no tan enredados…es un buen reposo, creible, en contraste a tanta violencia sexual.
    Que se note absolutamente la falta de rumbo le confiere un saborcillo mochilero tb…

    Ando sensible hoy, y que tanto

  6. Chileno de la reconchadetumadre,
    Si te la das de tan bueno, ¿por qué no escribes con tu nombre? ¿Será porque eres un cobarde de la reconchadetumadre? Te llegará el día hijo de puta… te llegará el día.

  7. Una de dos:
    – o se te llegan a salir los ojos con el pedazo de carne inca

    – o bien, en el momento en que le mandes aquel mail (lleno de valor, coraje y gallardía)informandole a Enriqueta que la pateaste, la Enriqueta te enviará ipso facto uno de vuelta diciendote que te dejes de huevadas y te devuelvas enseguida a Chile, una vez acá, te sacará la chucha como de costumbre…

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