La liga panamericana de huevones

Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

La liga panamericana de huevonesYa sabemos que por puto libidinoso fui echado cagando de la casa de mi prima. Mi plan era quedarme a vivir por un tiempo en Madrid para convertirme en Don Juan (y escabullirme del despelote que había dejado en Chile). Pasé entonces un día completo intentando alquilar algún cuarto en un piso de estudiantes; intimidados por mi sex appeal (?), los caseros me daban una y otra vez con la puerta en las narices: “¡Vete, moreno!”, escupían. Para el coño promedio, siempre serás un indeseable hambriento en busca de trabajo y/o lanzazo.

Con mi mochilota a cuestas y sin un sitio donde dormir, ya me imaginaba siendo sodomizado a la intemperie por un marroquí sifilítico. Cuando caía la noche, llamé sin esperanzas al último teléfono de mi lista: una pieza en el barrio de Canillejas, el equivalente madrileño a La Pintana.

No hay prublema, puis, te quedas esta misma nuche, aquí somos hermanus latinus y nos ayudamos entre todus”, me dijo Pedrito mientras yo contemplaba su sobrepreciado cuartucho de 2×3. Previo pago del equivalente a 150 lucas, deposité mi equipaje y huesos cansados en un catre a medio desarmar, me cubrí con una colcha fabricada con pelo de guarén y caí rendido.

El oportunista Pedrito era conserje de un edificio y ganaba en España un sueldo cuatrocientas mil veces mayor del que habría recibido en su natal Perú. Proveniente de Arequipa, le había pegado una patada en la raja a su mujer apenas puso un pie en España. Cada uno se quedó con un hijo: al alcoholizado Pedrito le tocó Alba, una guatona coja de 20 años que pasaba todo el puto día encerrada en el departamento con la excusa de que estaba recuperándose de una fractura en el pie acaecida ¡un año antes! Como yo tampoco tenía nada que hacer -salvo colarme gratis en El Prado y hablar por teléfono cada noche– pasábamos casi todo el día “juntos”: ella en el living viendo tele, yo encerrado en la pieza leyendo basura y pasando hambre.

Un buen día la chancha se apiadó de mi soledad y me invitó a compartir con sus amiguetes, horrible pandilla de subnormales provenientes de cada rincón de Sudacalandia: un obrero de la construcción mexicano, su polola dominicana y probablemente prostituta, el infaltable cartero chileno y una argentina revenida. No hay mucho que decir del carrete: chupamos como animales, vimos “La Novia de Chucky”, bailamos música espantosa y nos fuimos a dormir. Esa noche estuve a punto de sentirme orgulloso de provenir del Tercer Mundo.

A Pedrito, sin embargo, esta incipiente amistad le pareció un indicio claro de romance. “No entiendu que haces todu el día con mi hija, ya tengu suficiente con pagarle la comida a esa ociosa, no pienso mantenerte a ti si la preñas”, me confesó muerto de borracho y al borde de las lágrimas. “¿Me tengo que ir, entonces?”, le pregunté. “No, huevón, te conseguí trabaju: mañana tienes que presentarte a las 8 en este restorán, necesitan un ayudante del mozo, que es mi amigu”, respondió.

Y yo, como en verdad soy bien hueón, a la mañana siguiente estaba discutiendo mi salario con el administrador del local.

Comments

  1. ME IMAGINO COMO SERA ESTA LIGA DE SUDACAS INDIGENAS, BUENA VUELTA DE TUS HISTORIAS ESPERANDO LA QUE VIENE HACIENDO ENLACES CON EL PASADO COMO LOST 🙂 SALUDO PUTO!

  2. Puta, ya empezaste con la weá. Cuando va a ser el día en que te comas una mina rica, aunque le falte un brazo o whatever… Aunque igual me gustas, puto!

  3. A este weon le gusta q se rian de él o lo humillen, y ma encima las cuenta como grandes hazañas, jajajajajajajjajajajajajja
    notable!

  4. Me da risa Distémper, cuenta sus historias como grandes hazañas.

    Da lo mismo Distempercito, eres un humano a final de cuentas.

  5. Puta distemper, me tinca que te acordaste a ultima hora que debias escribir y no te dio más cerebro…estas weas cortasss siempreeee

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