Distémper es un hijo de puta con serios problemas, aparte de arribista reculiao y pasao a caca. Al menos -algo es algo- no es shúper.

Terrible es tener la necesidad de trabajar, buscar empleo y no encontrarlo. Pero más espantoso aún es ser un flojo culiao, no buscar nada y aún así encontrar una pega de mierda y aceptarla porque sí.

Así estaba yo, Supremo Emperador de los Imbéciles, tras ser reclutado como ayudante de mozo en un restorán madrileño especializado en callos y otros interiores puercos.

“Este es tu cepillo: con el cepillo debes juntar las migas que caen en la mesa y recogerlas así con esta servilleta. Luego las botas a la basura y sigues cepillando en la mesa que te indique el camarero. ¿Seguro entiendes lo del cepillo? Nunca debes hablar con un cliente, ¡nunca! El trabajo es de lunes a sábado, desde mediodía a medianoche. Tu paga será de trescientos euros mensuales, pero este mes te descontaré cien por el uniforme. Y ten cuidado con el cepillo, ¿eh? Es caro ese cepillo, es de pelo de jabalí. Debes presentarte mañana, chaval. Ah: lávate bien, estás muy cochino. Y no me digas ‘okey’, dime ‘sí’: ¡habla en español, joder! Adiós”.

Yo sólo asentía con cara de tarado a las instrucciones de mi nuevo patrón, un tipo grasoso, hediondo e igualito a Manolo, el del Bombo. Desconcertado, caminé durante tres horas hasta llegar al departamento de mi casero peruano en los extramuros de la ciudad. No podía creer mi mala suerte: al día siguiente, a cambio de un salario de hambre, debutaría como esclavo recogemigas en el sitio más mugriento de España. Mi idea era quedarme en Madrid haciendo hora antes de largarme de vuelta a Chile; no necesitaba la plata, aborrecía la idea de convertirme en subordinado de un mesero sudaca y no tenía ninguna intención de ser humillado por los putos españoles y sus cagadas de cepillos. “Seré puto, pero no prostituto”, cavilaba.

¿Qué te pasa, huevón?”, me preguntó la guatona Alba, mi compañera de piso y nueva amigui. “Putalahueáporlarreconchetumare, es que no quiero trabajar en la pega culiá que me consiguió tu papá, po”, le respondí. “No lo hagas, puis”, me aconsejó en un arranque de obvio sentido común que yo era incapaz de sostener. Esa noche, en compañía de su pandilla transnacional de zánganos, me tomé hasta el desodorante ambiental y decidí renunciar antes de mi primer día de trabajo.

Pero no. Preso de un ataque de pánico y con un terrible sentimiento de pulpa (?), a la mañana siguiente figuraba en el restorán listo para iniciar mi horrorosa jornada laboral. Antes, claro, debía firmar mi contrato, o eso creía yo. “Si algún inspector te pregunta qué haces acá tú dices que no me conoces, te marchas y regresas más tarde”, me ordenó el dueño. “Oiga iñor, pero yo no soy ná inmigrante ilegal, loree el pasaporte”, le balbuceé mostrándole el documento que acreditaba mi ordinaria italianez. “¡Italiano! ¿¡Pero qué coño haces acá!? Yo no te puedo contratar, te debería pagar más, tú estás loco: ¡busca un trabajo decente, joder!”, gritó. Acto seguido, procedió a echarme del local.

Y entonces fui el cesante más feliz del planeta Tierra.

Comments

  1. Te apuesto que la mayor parte de la gente que escriba aquí le dedicará mayor tiempo (y pajas, en el caso de los hombres) a la petazeta de la imagen…

  2. Jajajaja, conchasumadre, que final más imbécil.

    Y ciudadano Italiano? PERO DE SICILIA! PUTO!
    Hermosa narración, putos españoles.

    Saludos! El Cerdo

    PD: Debo decir que la foto de la española hard nipples me motivó la lectura más que antes.

  3. y en que trabajaras Distemper?? y te comiste a esa india culia?? Bueno esperando el prox capitulo por que este fue una enseñanza de vida de que ser italiano cesante es mejor ke indio con paga de mierda =)

  4. Gracias reculiaos por sus lindas palabras: sus elogios son alimento para mi espíritu. Y aprovechando la fecha, les envío mis mejores deseos de que se los espolonee un peruano por el culo.

    De todos modos, los amo.

  5. Me gustaría que me dijeras qué es lo que te motiva a escribir estas historias.

    Por otro lado, siento curiosiadd, y me imagino que de día, o sin tu blog, eres todo un caballero.

    Y eso de tan ordinario no es tal, porque redactas bien, no he visto faltas de ortografía y no te comes los tildes, así es que deduzco eres un tipo que lee, no un ordinario cualquiera.

    Bye!

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