El calor era agobiante, durante el día la humedad del ambiente hacía sus cuerpos sudar, hasta ese punto donde sus ropas se mojaban y al contacto, sus pieles parecían fundirse. En esas condiciones climáticas era difícil tratar de mantenerse frescos, pero con el pasar de los días, ese olor a humedad natural que brotaba de sus cuerpos ya les resultaba absolutamente placentero e hipnotizante.

 Las noches eran frías y crudas, pero perfectas para pasar el tiempo lo más cercanos posible y generar calor de formas atrevidas. Los primeros días fue difícil romper aquellas barreras sociales que separan lo correcto de lo sucio, pero no tardaron mucho en acercarse y dar rienda suelta a sus más traviesos juegos, después de todo serían 30 días que trabajarían muy cerca el uno del otro.

 Llevaban ya 2 días recuperándose de su última incursión, pero sus bocas ya estaban ansiosas por volver a jugar…

 Él, firme tomo su aparto, largo como solo un hombre color puede hacerlo, acomodó su altura para que ella la tuviera más fácil, como toda un experta, ella sacó su lengua, humedeció  sus labios, lo miró, y casi como poniéndose de acuerdo, tocaron sus Vuvuzelas incesantemente hasta el final del partido… al fin y al cabo, para eso les pagan a los negros en Sudáfrica.

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