Crítica de Viejas Tocadoras

Miembro fundador de Andateala.com y presentador oficial del célebre podcast Digalocantando. Pésimo actor, gran director, utiliza las oficinas del sitio para pernoctar.

Las viejas tocadoras ya están entre nosotros!

No es novedad para ninguno de Uds. (a no ser que tengan algún título nobiliario o simplemente sean extranjeros) que con el advenimiento del Transantiago nuestra vida e intimidad cambió para siempre por la existencia de las viejas tocadoras.

No solo debemos trasladarnos en el transporte público cuan sardinas durante las horas peak, sino que hoy nos enfrentamos al peor flagelo que un joven varón puede verse expuesto en la plenitud de su existencia.

Si señores, para que estamos con cosas. En un comienzo, cuando a Ricardo Lagos, célebre hijo de puta con aires de prócer «se le ocurrió» cambiar el sistema de transporte de la única ciudad relevante de Chile en un solo día, el caos reinante hizo que denuncias de manoseos y acoso fueran el comidillo diario de los noticiarios del almuerzo, con innumerables denuncias de jóvenes mujeres en edad de comérselo que reclamaban por un descriteriado rayado de pintura en el transporte público.

Fue así como, según John Ass Brotha, el noble acto de manosear damiselas en la vía pública se volvió tabú y cualquier amago de roce, aunque fuese involuntario, devengó en lapidación pública.

Sin embargo, pasado los años y la obligada civilización masculina, un nuevo fenómeno ha comenzado a mermar nuestra dignidad masculina, y es el hecho de que viejas tocadoras caducas, cuyo reloj biológico está más que obsoleto, se han lanzado a la lujuriosa aventura de manosear hombres.

Lo que comenzaría como un hecho aislado, se ha ido convirtiendo en una verdadera plaga silenciosa de urgencia chonflar.

Primero, los «vaivenes» en la micro, que hacían que «involuntariamente» las viejas te posaran las tetas en la cara. Luego, vejetas que tienden a agacharse frente tuyo mientras recogen algo, posándote sus flácidas nalgas sobre la coronta.

Las situaciones se suceden y ya me he visto en la necesidad de recurrir a gestos técnicos o simplemente, mandarlas a la mierda.

El otro día una vieja se iba agarrando de TODOS los tipos en el metro aludiendo su «falta de equilibrio». 20 pelotudos fue mi conteo al vuelo antes que se quisiera acercar a mi hasta que intrépido, y ante la inminencia de su ancianidad agarrando mis presas le dije cortésmente

NO ME TOQUE, SEÑORA!

La vieja, con inmediata recuperación de su equilibrio, se espantó y siguió su camino, para proseguir con el manoseo de otros corderos.

Pero como la idea es prepararlo querido y estúpido lector ante este flagelo social, algunos consejos para no ser sobajeado a no ser que sea por putas en vaselina:

1) Evite estar cerca de una vieja: Si ve que una vieja se acerca a ud., aléjese, aunque ello le cueste un asiento o perderse de mirarle las tetas a alguna secretaria turgente.

2) Mantener la distancia: Si es inminente la cercanía a una vieja, utilice cualquier elemento o partes duras de su cuerpo (a excepción de la coronta) para asegurarse de la sana distancia de la jubilación.

3) Puteelas: Si todo lo anterior no cumple el objetivo de sanear su cuerpo del asedio de las arrugas, entonces sea machito , encárela y dígale que prefiere culearse a todas sus nietas furcias antes de que ud. lo toque. El dramatismo le dará un toque de tensión casi sexual a la situación pero le permitirá al menos sr percibido como un energúmeno y nadie querrá estar cerca suyo, lo que le brindará oxigeno, seguridad y bolas a salvo de la naftalina.

ADVERTENCIA: Evite reacciones tipo «psicología inversa» como agarrarle las tetas o el culo con descaro. Podría terminar ASÍ.

Para todo lo demás, chúpelo.

Comentarios

  1. Jehoshaphat!!! Qué deplorable este tipo de cosas. Debo decir que soy afortunada de que nada parecido me haya sucedido a mí. Hay que tener «valor» para encarar a una viejecilla, suponiendo que la historia es verdad.
    Mal por los tipos que han padecido el toqueteo de ancianas, y mal por las mujeres que han sido toqueteadas por babosos ruines.

  2. Jjajajja, conchasumare que me reí!
    Acá en provincia, lo que más tememos las damiselas en edad fértil que viajamos dos ciudades en promedio para llegar a su cagá de U son los cobradores. Qué asco! Cuando la micro va llena, te rozan todo el paquete por el culo y cuando te bajas de la micro te dicen reina y te toman la mano. ES HORRIBLE :'(

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