Charlie Hebdo

Charlie Hebdo no somos todos.

La matanza de 10 integrantes del staff del semanario satírico Charlie Hebdo ha puesto nuevamente en el tapete la nunca bien ponderada libertad de prensa, el derecho a expresarse y, como no, a reírse de todo.

Yo particularmente conocí Charlie Hebdo muy a la pasada cuando le eché un ojo en algunos kioskos de Paris y me llamó la atención lo cara de raja de sus tiras, que normalmente ofendían fuertemente a quien se les cruzara. Sin filtro, a quemarropa. Digamos que en cierto modo y con un impacto irrisorio nuestro sitio en sus 5 años ha hecho lo mismo, guardando la respetuosa distancia.

El par de ejemplares de Charlie Hebdo que vi hablaban en general de política e iglesia católica, al parecer dos tópicos bastante frecuentes en sus caricaturas. Sin embargo, se les ocurrió en algún par de ocasiones molestar a la gente con menos sentido del humor del mundo: los fundamentalistas islámicos. Y lo pagaron con su vida.

Es por ello que hoy la gente se levanta y como siempre, después de algún evento relativamente traumático como el atentado a las torres gemelas o la muerte de Ladi Di, hemos visto el mundo llenarse de #JeSuisCharlie que ha colmado mi muro de Facebook más que el puto resumen fotográfico de fin de año.

En general, o muy en general, no me parece mal solidarizar con un medio como este. Por el contrario, no conociendo a cabalidad el medio ni a sus colaboradores, su muerte en tales condiciones es abusiva y cobarde, algo que cualquier persona en su sano juicio debería deplorar.

Donde todo se vuelve, por decirlo así, absolutamente ridículo, es que el tipo de humor de medios como Charlie Hebdo viene hace rato siendo combatido y muriendo de manera silenciosa no a manos de fanáticos ignorantes que asesinan en nombre de sus demencias mesiánicas científicamente incomprobables.

Y en este punto quiero ser claro: hasta el momento, la mayor calamidad de la humanidad han sido las religiones; construcciones de poder fundadas en la ignorancia, que se arraigan en el miedo para modelar la sociedad bajo la negación de la naturaleza, bajo las cuales se ha justificado la matanza y el odio por siglos camuflados bajo la doctrina de la fe y la espiritualidad. Sinceramente, hoy veo más alma en los ojos de un cachorro que de un millennial. Lo mismo con el comunismo y el fascismo, pero no nos perdamos del caldo.

Uno podría vilipendiar que la pérdida del humor ha sido culpa del sistema económico: ese capitalismo liberal que destruye todo lo subversivo. O el nuevo orden mundial que acalla estas voces de razón en la penumbra. Pues no, los que acallan medios como estos son ustedes.

Sí. Ustedes. En la sociedad moderna, tolerante y buena onda en que vivimos, tener sentido del humor es peligroso. Atenta contra la moral y las buenas costumbres. Todo debe ser tipo charla TED lleno de gurús hablando obviedades financiados por la ONU para que gente sin talento y escaso coeficiente se sienta presenciando el renacimiento filosófico de su generación vegetativa intelectualmente.

Miren, si no fuera por la tecnología, no estaríamos viendo nada nuevo desde hace 40 años.

Como sea, son ustedes, asiduos lectores de Las Últimas Noticias, esperanzados cooperadores de La Teletón y airados contempladores de “Esto no tiene nombre” o “El Termómetro” los que han hecho de la sociedad algo soso, aburrido y cuya máxima aspiración es a reír sin pensar o sufrir mucho. Todo muy polite, todo muy vegano, todo muy gayfriendly.

Antiguamente en Chile teníamos medios tanto o más inteligentes que Charlie Hebdo, como era el Topaze, donde notables caricaturistas como Coke, De la Barra, Goy, Jor-Car, entre otros, hacían parir la política nacional con un sentido del humor bastante pesado pero que nunca cayó en lo vulgar. ¿Dónde está hoy? Descontinuada hace casi 20 años. ¿Alguien lo sufrió? Lo dudo, sobre todo en un país donde la comprensión lectora llega a un 30%.

¿De qué nos reímos hoy? Ciertamente no de este sitio, aunque algunos mártires continúan visitándolo de cuando en cuando. No los culpamos, la actualización es poca. El chileno se rie de huevadas como Morandé con Compañía, el Club de la Comedia, o las películas para deficientes mentales emanadas de las cabezas de Sebadilla o Nicolás López. El máximo aspiracional de la crítica es Kramer. ¡KRAMER! ¡EL PALTA MELENDEZ ES MÁS ÁCIDO!

En fin. Usted no es Charlie Hebdo. Usted quisiera serlo, o quizás no. Porque a usted no le gusta que le digan mapuche, ni mestizo, ni habitante mediocre al servicio de intereses mezquinos de unos cuantos. Usted que a la primera pregunta sobre su origen saca el español o blanco de turno que “sanea” su estirpe. Que quiere educación gratuita y sin selección alguna para poder tener cartones sin tener que estudiar de verdad. Que le molesta mucho que le digan que está gordo o que las mujeres chilenas son unas pasivas agresivas; que el chileno medio es un alcohólico con fantasías futbolísticas desproporcionadas para un país con bajísima práctica e inversión deportiva.

Usted no es Charlie porque cuando alguien le comenta algo que no les gusta va y lo borra. Porque si alguien es de derecha es un facho asesino de la dictadura y de izquierda un comunista, un come guaguas parásito del Estado. Ahora qué decir si es de centro, un amarillo que no decide categóricamente que idea política seguir. ¿Y si no tiene representación? Simplemente un idiota.

Usted no es Charlie porque cuando alguien le ataca su religión, su equipo de quinta, su perro, su casa, su madre, su mina o su auto se encrespa. Usted no es Charlie porque va por la vida odiándose con los otros por todo lo que no puede tener y porque no le gusta discutir, sino pelear.

Usted no es Charlie porque para ser Charlie, hay que estar dispuesto a usar ese sentido del humor que en nuestro mundo es cada día es más escaso, y reconocer que gran parte de sus creencias y comportamientos son una reverenda estupidez, moldeados por la ignorancia y la incapacidad de analizar las visiones del otro.

Usted no es Charlie porque hay que tener muchas bolas para poder reírse de todos y de todo, incluso de sí mismo y creer que eso es algo bueno, y no temer perder algo.

Usted no es Charlie simplemente porque, el día que lo sea, alguien lo querrá ver muerto.