Demis Roussos

Demis Roussos, el amante griego new wave con look de indigente

Hoy ha partido a la eternidad el Sr. Artemios Ventouris Roussos, más conocido como Demis Roussos (por nuestros bisabuelos). Nacido en Egipto (cuna y principalmente ataúd de millones), de aspecto deplorable, así como un Danny DeVito con gigantismo, barba y sudoroso, se fue exiliado a Grecia, donde conoció a Evangelos Odysseas Papathanassiou (digamos que es Vangelis, o mejor aquel que toca esa música que nuestras madres adoran religiosamente y entran en trance orgásmico cada vez que suena) y formó la agrupación Aphrodite’s Child, cuyo nombre aseguraban no tenía nada de homosexual, mientras se limpiaban la punta de la poronga uno al otro con los labios.

Estos helénicos de célebres nombres impronunciables que más que nombre parecen procedimientos de tocación prostática, tuvieron célebres éxitos new wave como Race to the End… no citamos más, porque no vale la pena, son un montón de canciones de mierda más o menos iguales y que no distinguirían, tal como una madre a sus gemelos. Pero en general, era música pseuso épica, pseudo espiritual, psudo trascendente, pseudo música.

Millones de discos vendidos por canciones que nadie -absolutamente nadie- recuerda, por la participación en la banda sonora de Blade Runner (película más conocida porque los hipsters aducen entender su final) y más discos vendidos por su tema Forever and Ever; My Friend the Wind; My Reason; Velvet Mornings; When I’m a kid; Goodbye, My love, Goodbye; Some day; Lovely Lady of Arcadia, lo que deja evidencia que los títulos eran aprobados por alguna comisión clandestina de viejas separadas en entrada menopausia.

En los 80’s ocurrió en Argentina que, durante una performance ya como Demis Roussos, unos plateístas le interrumpieron acusándolo de hacer playback, lo que él a los gritos negó, mientras de fondo seguía sonando su voz entonando la canción al compás de un ritmo midi.

Terminaron todos en la comisaría, donde solo una fila de quienes lo fueron a ver (por ello se cree que fue todo armado por un productor contrario a quien lo contratara) escucharon como dijo que sí, que hizo playback en 4 temas, pero que cantó media hora más que lo que estuviera acordado. Lo raro fue que no coincidía su movimiento de labios con el sonido de su voz… Tampoco ahí…

A partir de allí se le acusó de comer perro. Sí, como los chinos o los Cientólogos. Perros como aquel que patrióticamente le mordiera el culo al Mono Navarro Montoya en la final de la Copa Libertadores.

Obviamente, nuestro amigo Artemios, rechazó tales alegaciones; todo mientras ordenaba un Galgo a la parisienne, con reducción de testículos de niño de coro.

Amante de los festivales, Demis Roussos vino al Festival de Viña creando gran expectación en gente que no tenía idea de sus canciones pero Raúl Matas había dicho en la tele que era un gran artista como Nana Mouskouri, a la que nadie había escuchado jamás pero si lo había dicho él, bueno, había que creerle. En esos tiempos te mataban por menos.

Luego de someterse a severas operaciones de liposucción declaró “Engordo como Bulldog, no entiendo por qué si soy alegre como Cocker con dos colas y firme como Rottweiller”.

Pero bueh, se nos fue… Se comienza a escuchar la música de los títulos finales de Blade Runner, mientras nos imaginamos a Demis Roussos montado en el origami del unicornio que el pelotudo del albino del androide le deja a Harrison Ford como si fuera un novio histérico que luego le reprochará “Nunca me entiendes?!”

Adiós Demis Roussos, el amante griego que te ensarta cuando recoges el jabón.

Y algo de Vangelis, para que recuerden los antiguos comerciales de Zuko o Colún